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Muchas veces decimos en voz alta las cosas que deseamos y se quedan ahí, con la esperanza de que lleguen pronto, sentados esperando, sin hacer que eso suceda.
Dongyoung usa el metro con frecuencia, todos los días para ir a trabajar, ignora lo que sucede dentro porque le encanta mirar el mismo paisaje todos los días con la música en sus oídos, es como ver la misma grabación con una distinta banda sonora, eso las hace diferentes películas.
Las personas son iguales, canciones en modo aleatorio que se reproducen en una misma película, a unos les gusta la melodía calmada que hace a tu cuerpo cosquillear, como los sonidos blancos, para Dongyoung no hay mejor descripción de Taeyong que la de la lluvia cayendo en una tarde seca, es reconfortante sentirlo cuando se necesita y cuando no, también.
Ese día es lluvioso y tiene un paraguas azul, mira antes de cruzar la calle para llegar al edificio en el que se encuentra su departamento, una vez bajo techo tiene problemas para cerrarlo porque no quiere empaparse las manos y de reojo observa a uno de sus vecinos salir, su paraguas es rojo, no puede decir más porque la ola de viento que acompaña esa tormenta le hiela los huesos.
Se siente solo al llegar hasta su piso, no hay nadie ni en el elevador, corre con la ropa poco más que empapada a casa y cuando entra no hay consuelo en una voz preocupada por que tenga un resfriado, se recuerda a sí mismo que es su trabajo cuidar de su propia salud y entra al baño a tomar una ducha ardiente que le haga memoria sobre que la lluvia no es únicamente desastrosa como afuera.
Piensa en los animales sin casa, en las personas sin hogar o comida y cual buen hombre concluye en que él no es tan desgraciado como las personas y animales que están sufriendo por la inhóspita llovizna de esa tarde.
Luego el timbre suena, y lo hace tantas veces como gotas caen del cielo, con una toalla en la cabeza corre a abrir la molesta puerta y entonces no encuentra nada más que paquetes, no hay cartero o similar.
¿Por qué tocaba con tanta insistencia si al final iba a huir?
Dongyoung regresa con su grupo de cajas y cierra la puerta, no hay otra cosa más interesante que hacer que destapar los paquetes mientras mira por la ventana, de nuevo ve ese paraguas rojo y se alegra porque su vecino parece haber regresado antes de que la tormenta empeore.
Entonces las nubes se dispersan un poco, dejan pasar un grupo de rayos de sol que pronto producirán un agradable arcoíris.
Eso le recuerda la última fotografía que vio de Taeyong en instagram, el chico parecía estar en una habitación oscura, la mitad de su rostro iluminado por una luz de distintos colores, en los bordes amarillo y rojo, desde un ojo al otro de color rosa y sobre su pecho azul.
Por instinto toca su propio cabello, el suyo es negro mientras Taeyong parece disfrutar mucho del rosa, rojo y blanco, a su parecer el rosa le va mucho mejor, le da su acostumbrada dulzura de algodón de azúcar.
Desliza otro poco, ahora el halo de azul cubre completamente a Taeyong, las flores son preciosas, lo complementan como se debe, y hasta ese momento se percata de la sudadera con patrón de perros dálmata, recuerda a Ruby, se pregunta si ella seguirá acompañándolo ahora que ya no vive en Guri.
Luego hay una foto de él frente al espejo, es celestial, se tira en la delicadeza de su cama ¿cuándo llegó ahí?
Los colores nacen desde el mostrador que tiene las flores, su teléfono es blanco, esconde su rostro con él, ¿por qué ocultar algo tan digno de admirar?, de todos modos las manos que sostienen la cámara lo dejan sin aire. Extraña sostenerlas, sólo duda de si han crecido desde la última vez que se vieron, han pasado meses.
Tiene un hombro arriba y se imagina a sí mismo en esa foto, colocando las manos sobre la ancha espalda de Taeyong y pidiéndole que se relaje, que gire para abrazarlo un buen rato, más de un par de horas.
La imagen es justo como huele, azul, morada y rosa de forma opaca, mora azul y bahía. Lluvia escalonada.
—Yong-ah.
—¿Uhm? —gimotea pegando el teléfono a su oído y dejando el paraguas en la puerta, ha estado lloviendo mucho esos días.
—¿Qué haces?
—Estoy revisando la paquetería, mamá me envió un pastel por mi cumpleaños.
—Llega algo temprano—entre sus manos hay un peluche rosado—Deja de hablar contigo mismo, Doyoung.
Hace eso con frecuencia, imaginar situaciones en las que no perdió contacto con él, la cuestión es que no entiende lo que existe entre ambos, si quisieran estar juntos, lo harían ¿no?
Puedes hacer que suceda.
Por lo tanto se pregunta si Taeyong ha pensando en buscarlo, o por lo menos si piensa en él tanto como él mismo hace, si la respuesta es sí, entonces ¿por qué no lo hace? ¿por qué no ha ido a buscarlo?, pero exigir una respuesta es tirarse un balde de agua encima y reírse porque la broma salió bien.
No hay cosas sospechosas en su cuenta, la última vez él fue quien mandó un mensaje; no obstante, si vuelve a hacerlo siente que se verá como una persona pretenciosa. Aunque Taeyong se la pasa comentando sus fotos, ¿debería seguirlo?
No hay duda de que Taeyong sale con alguien que es capaz de tomarle esas fotos, aunque muchas de ellas son selfies, en su cabeza no deja de rondar la duda, ¿y si comenta?
@do0_ : el morado es definitivamente tu color :)
No hay respuesta oportuna, tampoco sabe lo si lo hará, hay muchos comentarios; sin embargo, se decide por no entrar a verlos, pues bien dicen que el que busca, encuentra, y en ese instante de soledad, no desea ver que esa persona por la que ha desarrollado tantos sentimientos durante años simplemente está ocupando el corazón de alguien más que no sea él mismo.
@taeoxo_ replied: ¿qué estás haciendo?
Dongyoung no sabe a qué se refiere exactamente, una respuesta breve y el mayor se cuela en sus mensajes directos, como esperaba, lo ha hecho pasar.
@taeoxo_ : Salgamos a tomar un café.
@do0_ : ¿Dónde estás?
@taeoxo_ : Cerca de la torre Nansam, ¿y tú dónde estás?
Dongyoung se remueve en su cama con un alivio estremecedor, puede ver la torre desde la ventana de su habitación, ¿será que Taeyong vive cerca? Imposible, ya se hubiesen encontrado. De seguro usó el metro para ir a visitar la torre.
@do0_: Sí, podemos vernos en la torre, dame veinte.
@taeoxo_ : Nos vemos.
Incluso si su cabello se empapa porque ha comenzado a llover de nuevo, incluso si sus calcetines se humedecen, corre entre los charcos, su paraguas va hacia atrás contra la fuerza del viento que quiere resguardarlo en su departamento. Va a ver a Taeyong y lo siente tan cerca que el calor en el autobús le recuerda a su perfume, una vez más por ese día.
Taeyong tiene una chamarra que casi ha de pesar lo mismo que él, una gorra que tiene orejas de conejo y le sonríe con sus dientes titiriteando del frío antes de extender una taza de café a él. Dongyoung la toma temblando. Sólo existen diminutos rastros de la lluvia.
—Es bueno verte de nuevo.
—Lo mismo digo—luego se recarga en el barandal y mira lejos, la niebla se ha hecho espesa.
—Tenía mucho tiempo de que no venía aquí—susurra pegándose junto, con paz por respirar aire fresco y pasto mojado.
—Deberías ponerte el gorro—se gira Doyoung para pasar las manos por detrás, su café descansa en el barandal. Alcanza el gorro de la chamarra de Taeyong y como es su costumbre, besa sus labios cuando nadie puede ver.
Taeyong sonríe saboreando los restos de café en la boca de Dongyoung y luego se ignoran como si nada hubiese sucedido. Pero con corazones más tranquilos por saber que el otro está ahí, vivo, a su lado, y siempre recibirá su amor con brazos abiertos, una cálida lluvia y café frío, incluso pasados casi tres años.
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