15
Estaba allí, apoyado en el lavabo y no queriendo mirar al frente, donde su espejo le devolvería una mirada distinta a la suya. Nunca había pensado que le pasaría a él, pero no se lo podía negar ahora. Su cara era la misma, pero en lo profundo de sus ojos podía verla a ella.
A pesar del frío invernal, podía notar como una gota de sudor caía por su frente hasta recorrer todo el contorno de su cara. Sintió un escalofrío que le dejó helado, sabiendo que no tenía nada que ver con la temperatura en la calle.
Apretó los dientes, hasta que notó el sabor metálico de la sangre en su boca, la mandíbula endurecida y vio su ceño fruncido.
—¡¡VETE!! —gritó a su reflejo enfadado.
Sonrió, aunque él no quería sonreír.
—¡HE DICHO QUE TE VAYAS!
—No me pienso ir, cariño —se dijo.
Cada vez estaba más enfadado, y cada vez se sonreía más, lo que provocaba un incremento de su enfado. No podía evitarlo, ni sabía cómo iba a deshacerse de aquello que parecía haberlo poseído.
—¡AAAAAAAH! —gritó de nuevo con frustración.
—Deja de gritar, cielo —dijo con desprecio—. Estando aquí dentro todo se escucha con eco, ¿sabes?
—¡Es que no tienes que estar ahí dentro! ¡Sal de mi cabeza!
—Aún no. Me estoy enterando de detalles muy jugosos. Los chismes del gobierno, el Covid, el 5G, la compra de Wattpad...
—¿Qué tiene que ver el Covid con todo esto? —preguntó aún inquieto.
—Bueno, vale, lo del Covid no lo vi en tu cabeza, que me tuve que meter en un chinito de Wuhan. Casi me quedo allí atrapada, pero el resto sí. ¡Y nadie me creía! Me tacharon de loca... pero nadie sabe mi gran secreto, ¿verdad?, Bill...
Bill niega con la cabeza, con una seria expresión de desolación en su rostro.
—¿Qué quieres de mí, Ara? —preguntó a su reflejo, desesperado.
—Arasshá —corrigió ella—. Mi nombre es Arasshá. Y quiero justamente lo que tengo, gracias al chip que te implanté en mi visita a Google. Información. Quiero ser la Reina cotilla. Quiero saberlo todo... y saberlo la primera. Y por fin lo he conseguido. Seguid negando mi información, friki de ordenador... Que me haré más y más famosa aún.
—¡¡NOOOOOOOOOOO!!
No sirvió de nada que lanzara su puño contra el espejo, más que para partirse los nudillos y no poder escribir en los siguientes días. Ella seguiría en su cabeza, obteniendo información sin que pudiera evitarlo. Miró de nuevo su reflejo, ahora dividido en decenas de pequeñas partes, y se vió sonriendo, aunque él no quería sonreír.
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