Capítulo 9
—Creo que ha sido una de las mejores películas que he visto en mi vida.
Por fin un comentario positivo en lo que llevábamos de semana.
Tuve que obligar a Luke a que saliésemos afuera porque no podíamos seguir en el mismo plan todo el tiempo. Los dos últimos meses se los había pasado de mal humor y en su cama o en el sofá. Cada día estaba peor, y no paraba de quejarse de que estaba muy cansado y le dolía todo el cuerpo.
No me gustaba verle así, porque el que él se sintiese mal hacía que yo me sintiese peor. Así que el plan de hoy para pasar tiempo juntos era ir al cine a ver una película, salir a comer e ir a dar un paseo por ahí. No era un gran plan, pero sólo quería estar con Luke y que estuviese bien.
—Opino lo mismo— respondí entrelazando mi mano con la suya mientras caminábamos—. ¿A dónde quieres ir a comer?
—No sé, no tengo mucha hambre— torció la boca. Últimamente casi no comía nada, y cada vez estaba más delgado.
—Vamos, tienes que comer algo, Luke.
—Tal vez después— fruncí el ceño en su dirección e hizo un puchero—. Venga, por favor.
—Está bien— accedí suspirando—. ¿A dónde quieres ir entonces?
—Quiero...— fijó la vista en el frente y se quedó pensando. Seguí su mirada y a lo lejos pude divisar el mar—. Quiero ir a la playa.
Asentí y sonreí cuando me dio un beso en la sien. Comenzamos a caminar hacia allá, pero cuando ya íbamos más adelantados Luke frenó de golpe tambaleándose.
—Necesito... Creo que necesito parar un momento— se sentó en un banco que había cerca y se llevó las manos a la cara. Me senté a su lado y comencé a acariciarle la espalda. Sus mareos constantes también se estaban volviendo parte de la rutina. No sé durante cuánto tiempo estuvimos ahí sentados, pero salí de mi pequeño trance cuando la voz de Luke llegó a mis oídos.
—¿Estás bien?
—Sí— parpadeé un par de veces—. Solo... solo estaba pensando.
—Oye...— dijo mientras jugaba con mis dedos. Eso hacía cuando estaba nervioso—. No quería distraerte con eso otra vez, pero... ¿Ya tienes preparado lo que hablamos el otro día?
Ya... Eso. Luke me pidió que le escribiese un discurso. Un discurso para el día de su funeral. Al principio me convencí a mí misma de que no podía hacerlo; de que no sería capaz. Pero al final lo escribí.
Y esa noche lloré como nunca lo había hecho en toda mi vida.
—Claro— me aclaré la garganta para que mi voz no sonase débil—. Ya está listo.
—Me alegro— me dedicó una media sonrisa, la cual intenté corresponder—. Me gustaría escucharlo, pero lo entendería perfectamente si no estuvieses lista para hacerlo. Como tú quieras, preciosa.
—Creo que sería mejor que lo leyeses tú mismo. No puedo... No. No estoy lista— me lamenté.
—Está bien, no te preocupes— depositó un beso en mi mano y comenzó a hacerme caricias—. Te quiero.
—Yo más— sonreí. Me levanté para seguir nuestro camino, pero entonces algo se me vino a la cabeza—. Espera un momento, tengo que ir a casa a por algo. No tardo.
Fui lo más rápido que pude al apartamento, el cual no quedaba a más de una calle de distancia. Subí a mi habitación y tomé mi guitarra. Al volver al sitio donde dejé a Luke me dedicó una mirada extraña, probablemente por la funda enorme que colgaba de mi hombro.
Cuando llegamos a la playa nos sentamos cerca de la orilla. El lugar estaba muy tranquilo, y lo único que se podía escuchar era el sonido de las olas rompiendo contra la arena. Luke apoyó su cabeza en mi hombro y cerró los ojos en el momento en que me puse a hacerle caricias en el pelo. Amaba cuando hacía eso.
—Esto es lo que necesitaba— susurró con voz débil—. Gracias, Leigh.
—¿Gracias por qué?— murmuré al mismo tiempo en que mi mano bajaba a su mejilla.
—Por quedarte conmigo hasta el final.
No hizo falta decir nada más. Él siguió apoyado en mí con los ojos cerrados, y yo continué acariciando su pelo y su rostro, manteniendo este momento en mi mente como si fuese un tesoro.
Ya cuando anocheció, Luke levantó la cabeza, y con sus agotados ojos me miró, pero no fue como en las veces anteriores. Esta vez fue como si quisiera transmitirme algo a través de su mirada, y todas esas cosas se acumularon en mi interior, dejándome una extraña sensación. Una sensación de que algo malo estaba a punto de suceder. Como si todo esto fuese a acabar de un momento a otro. Y yo solo deseaba que esto no fuese más que un mal sueño.
Luke me rodeó la cintura con su brazo y acercó su cuerpo al mío hasta que nuestros labios se encontraron. Cuando nos separamos, juntó nuestras frentes y depositó un beso en la punta de mi nariz, haciéndome sonreír levemente.
—Cántame algo— pidió en un murmuro—. Me gusta oír tu voz.
Cogí la guitarra y la apoyé en mi regazo. Al instante toqué esos acordes que habían quedado grabados a fuego en mi memoria y comencé a cantar nuestra canción. Una sensación de paz me invadió cuando la baja y suave voz de Luke se unió a la mía. Nunca antes le había oído cantar, y la verdad es que una vez que empezó deseé que no se terminase.
No quería que nada de esto llegase a su final. No quería que Luke estuviese enfermo. No quería que, al despertar todas las mañanas, esa sonrisa que me alegraba hasta el peor de mis días no estuviese más. No quería perderle. No podía perderle. Le había dado tanto de mí que, una vez que no estuviese, ya no quedaría nada para mí misma. No era capaz de imaginarme una vida en la que Luke no estuviese a mi lado. Porque él se había convertido en mi todo, y cuando se fuese ya no me quedaría nada. Y es cierto que me importa mi carrera, mi familia y también Jack; pero lo único que me importaba de verdad ahora era él. Sólo él.
Cuando finalizamos la canción abrí los ojos y me encontré con los suyos azules. Me sonrió, pero no era una sonrisa de felicidad. Era una sonrisa triste, melancólica... Una que hizo que los ojos me picasen y el corazón me bombeara con fuerza. Agarré su mano y fijé mi mirada en la suya.
—Te amo, Luke.
—Yo también te amo, Leigh. Nunca lo olvides.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen4U.Com