21 | El Escape
Sofía
No sé dónde realmente estoy yendo, pero sé que me necesito ir de aquí. Antes que rompa en llanto por tercera vez hoy.
Ya no lo puedo manejar. Mi corazón se siente como si fuera a explotar y por lo doloroso que se sintió las primeras dos veces, no sé si podré sobrevivir esta. Ya me enteré hoy que casi lo perdí una vez, y ahora sólo es una cuestión de tiempo antes de que pase otra vez.
Voy a la cocina y tomo las llaves de la camioneta. Se me ocurre llevar un segundo par de llaves, ya que se me está ocurriendo una idea de dónde quiero ir. Sólo no sé si tener el suficiente valor para hacerlo.
Me dirijo hacia el garaje y brinco dentro del auto. Me doy cuenta que no traigo nada conmigo, ni siquiera mi licencia de conducir que apenas he usado, o mi celular. Creo que puede ser que tenga algo de efectivo en mi bolsillo, no más de 20 Euros.
Buena planeación, Sofía.
Sin embargo, no me importa. Necesito irme. Lo puedo resolver todo después de alguna manera.
Ajusto el retrovisor y pongo las llaves en el arranque con manos temblorosas. Dios, ¿qué persona de dieciocho años apenas sabe manejar? Soy una inútil y patética que parece que no puedo hacer nada por mi cuenta. Una imagen de los papás de Adrián estrellándose a su muerte pasa por mi mente y me paraliza. He tenido miedo de manejar toda mi vida, pero esto me llega hasta la médula.
Trato de hacer a un lado el miedo mientras pongo el coche en marcha. Mi pie está por alcanzar el acelerador, cuando la puerta a mi lado de repente se abre y grito con miedo.
Una mano tapa mi boca para silenciarme y entro en pánico al instante.
"Shh, Sofía."
Me relajo cuando me doy cuenta que es Adrián, y me está mirando con una expresión tan lastimada que todavía sigo en pánico. Creo que realmente lo he hecho esta vez. Completamente he destruido su confianza. Él baja su mano de mi boca y se inclina sobre mí para poner el coche de vuelta en park.
"Muévete al asiento de pasajero," él me dice en voz baja. "No estás en condición para manejar."
¿Qué? ¿Quiere venir conmigo? Estaba preparada para que él me tirara fuera de la camioneta y me diera un sermón sobre cómo soy un peligro para mí misma.
"Ahora, Sofía."
Lo dice con voz calmada, pero me doy cuenta que realmente está tratando de controlar su enojo. Me muevo al asiento del pasajero y él salta adentro, poniendo la transmisión de vuelta en marcha y conduciendo fuera del garaje más rápido de lo que me pongo el cinturón.
Él rápidamente se dirige fuera de nuestro vecindario, ajustando el retrovisor y poniéndose el cinturón en el camino. Una vez que estamos por llegar a la carretera hacia la ciudad, se detiene a un lado y para el coche.
Suspira y mira hacia mí. Se ve lastimado y decepcionado, apenas puedo hacer contacto visual con él por sentirme tan apenada. Me arrepiento de no pensar cómo le afectaría esto.
"¿Cuándo vas a parar de correr de mí, Sofía? No puedes continuar haciéndome esto," dice con voz adolorida.
"No estaba corriendo de ti, Adrián. Ya no podía estar ahí y necesitaba irme," le explico.
"Entonces dímelo. No sólo te vayas. Somos un equipo. Yo estoy de tu lado. Después de todo, ¿no entiendes eso?"
"Sí lo entiendo. Sólo que no quería que me vieras así. No pensé que quisieras soportarlo de nuevo. Lo siento."
"Bueno, ¿adivina qué? Estás mal. No es así. Si estás sufriendo, entonces quiero estar ahí contigo."
Asiento con la cabeza y trato de aguantar las lágrimas otra vez. Es como si fuera una presa y no puedo conseguir cerrar las compuertas. Creo que hoy he sido el mayor desastre y eso es realmente decir mucho porque he tenido mi porción de días muy malos.
"¿Dónde estabas planeando ir?" me pregunta en voz baja.
"Marbella."
Sus ojos se agrandan. "¿Sabes que queda al menos cinco horas por la carretera, no? ¿Ibas a manejar todo el camino sola?" me pregunta incrédulo.
"No lo había pensado bien. Estaba pensando en tal vez tomar el tren."
"¿Tan siquiera tienes las llaves de la casa?" él pregunta, claramente viendo que no tengo nada conmigo.
Alcanzo dentro de mi bolsillo y produzco las llaves, tirándolas dentro del compartimiento entre nosotros. Esa fue la única parte en la que pude pensar.
Me mira con una sonrisa simpática, como diciendo eres tan linda por tratar, y prende el motor de nuevo. Estoy esperando a que dé la vuelta de regreso a la casa después de mi intento fallido de escapar, pero él continúa directo hacia la carretera.
"¿Dónde estás yendo?" pregunto, sin comprender.
"Marbella. ¿Dónde más?" él contesta dándolo por hecho.
"Pero tú acabas de -"
"¿Ya no quieres ir?" él pregunta confundido.
"Sí quiero ir. Pero no me tienes que llevar. Me puedes dejar en la estación de tren o algo así."
Me mira como si me hubiese vuelto loca. "Por favor deja de insultarme," dice exasperado. "No te estoy llevando o dejando en ninguna parte. Estoy yendo contigo."
¿Piensa que lo estoy insultado? "No lo estoy. Sólo es que ... no quisiera que te metas en problemas por mí."
"¿Crees que me importa un carajo cualquier cosa que no te concierne a ti ahora? Te juro Sofía, te perseguiré hasta el fin de la tierra y de regreso. No voy a perderte de nuevo."
Vaya, Adrián molesto sin aceptar tonterías realmente es otra cosa. Estoy sorprendida por ello pero al mismo tiempo lo encuentro increíblemente sexy de alguna manera. Decido quedarme con la boca cerrada, sin saber cómo responder pero también porque no quiero seguir perturbándolo.
Él parece relajarse después de un rato de silencio entre nosotros. Al pasar la primera caseta, los dos nos miramos y no puedo evitar sonreírle cuando asimilo que realmente estamos haciendo esto. Se está escapando conmigo. Nos estamos escapando juntos.
Él alcanza mi mano. "Duérmete, chiquita. Llegaré ahí."
Beso su palma y me pongo cómoda en mi asiento, colocando mi cabeza a un lado mirando hacia él. Disfruto de los últimos rayos del sol calentándome a través de la ventana y cierro los ojos.
Cuando los abro de nuevo es de noche y estamos en Marbella, deteniéndonos enfrente de la casa de playa. Inmediatamente sonrío a todas las buenas memorias que tengo de este lugar. Aunque el clima no es ideal ya que estamos a finales de marzo y todavía hace un poco de frío, ya puedo ver que esto es exactamente lo que necesitaba. Después de todo, nunca pasó nada malo en esta casa.
Adrián me acerca en un abrazo mientras caminamos adentro de la casa vacía y silenciosa. Normalmente es ruidosa y llena de gente así que se siente diferente que sólo seamos nosotros dos. Se siente bien.
"¿Mejor?" me pregunta.
Asiento con la cabeza abrazándolo de regreso. "Gracias por venir conmigo."
"Creo que necesitaba esto tanto como tú," él contesta. Alza mi cara para besarme suavemente en los labios. "¿Tienes hambre? Puedo ordenar una pizza."
"Sí, eso suena muy bien. Sólo me quisiera bañar primero," le digo. Necesito lavar este día de mí y empezar de nuevo.
"Está bien, ve a bañarte y yo pido la pizza."
Cuando salgo de bañarme, Adrián me está esperando en la cocina con una caja grande de Dominos y una Coca-Cola de dos litros. Mi estómago inmediatamente hace un gruñido al acordarme que apenas he comido hoy. No sé cómo Adrián ha sobrevivido todas estas horas sin quejarse ni una sola vez.
"Comamos, luego platiquemos, luego durmamos," él comenta.
Me río al unirme con él al otro lado de la barra de cocina y atacamos la caja directamente, ni siquiera molestándonos en agarrar platos. Él ha pedido lo de siempre - mitad pepperoni y mitad Hawaiana. Él normalmente prefiere pepperoni, diciendo que la fruta no pertenece a la pizza, pero siempre se acaba robando los pedazos restantes de mi mitad en cualquier caso.
Prácticamente gimo al tomar mi primer bocado, disfrutando lo bien que sabe. "¿Cómo es que la pizza siempre hace todo mejor?" pregunto.
Adrián sonríe. "Sí, es difícil que salga mal. A menos que esté muy quemada o algo así. Pero pienso que es porque la gente normalmente la asocia con algo divertido. Como una noche de películas o alguna celebración."
"Sólo imagina un mundo sin pizza. La gente literalmente estaría deprimida todo el día."
"Y pensar que realmente sólo es queso y tomate," se ríe a mis reflexiones existenciales. "Te tengo que llevar a comer pizza de masa gruesa en Chicago algún día. No has realmente vivido hasta que la hayas probado."
Sonrío al pensar que él habla tan fácilmente sobre hacer cosas juntos en el futuro, pero es agridulce porque realmente no sé si eso va a pasar si se muda a Washington.
Termino de comer mi segundo pedazo y todavía estoy debatiendo si tengo suficiente espacio para un tercero. Estoy entre ese periodo raro dónde lo quieres y piensas que tienes espacio, pero puede que termines sintiéndote enferma si te lo comes. Miro hacia Adrián y él ya está en su cuarto pedazo. Juro que no sé cómo no pesa 90 kilos.
"Cómetelo," Adrián me anima. "Tenemos que terminar la caja entera, sabes."
"Eso es fácil para ti," me quejo.
"Bueno, ¿qué te parece esto? Si tú te comes un tercer pedazo, entonces yo me comeré lo último de tu pizza de fruta asquerosa," Adrián propone.
"¡No se llama pizza de fruta, y es popular por una razón! Además, no finjas que no te la comerías de todas formas."
Adrián me sonríe y recoge un pedazo, señalando que yo haga lo mismo. "Salud," él dice, dando un golpecito a su pizza con la mía. Luego procede a quitarle toda la piña y se traga todo en diez segundos.
Me río mientras él fácilmente la enjuaga con otro vaso de Coca-Cola y luego frota su estómago satisfecho. A veces desearía poderlo grabar.
Él pacientemente espera a que yo termine y el segundo que lo hago, me jala hacia el sofá en el living.
Frunzo el ceño, sabiendo que esta es la parte de platicar que no estoy deseando. Hemos estado platicando todo el día y en serio que no puedo manejar más malas noticias. Prefiero saltar a la parte de dormir, especialmente que va a ser con él. Ahora eso es lo que realmente estoy deseando.
"Trataré de hacer esto rápido, ¿de acuerdo? Sé que estás exhausta, pero necesitamos hablar y luego nos podemos ir a dormir."
Asiento con la cabeza, todavía sin estar segura que no vaya a estallar en llanto otra vez durante esta conversación. No necesito recordar que él se muda a otro país y que yo lo lamente por el resto de mi existencia.
"Bueno, lo primero que te necesito decir y que necesitas entender es que yo no voy a ir a ninguna parte si no es contigo. Es una condición clave del trato. Por lo mucho que me encante el fútbol, es un medio para un fin y no significaría nada en mi vida si no fuera por ti. Así que de la manera en que lo veo, eso nos deja con algunas opciones. La primera opción es que no tome la oferta y trate de buscar algo local."
Inmediatamente sacudo la cabeza. "No, Adrián. Tienes que tomar la oferta."
Él suspira. "Bueno, estaba esperando que dijeras eso, así que eso nos lleva a la segunda opción. Acepto la oferta, pero sólo si tú vienes conmigo a Washington," él dice muy seriamente.
Lo miro atónita. "¿Quisieras que yo vaya contigo?"
"Sí, pero sólo si tú quieres. Si no quieres, tengo un par de otras opciones."
"¿Cómo qué?" pregunto con curiosidad.
"Opción tres es que me olvide enteramente de fútbol y encuentre un trabajo normal en Madrid hasta que te gradúes."
"¿Hablas en serio? Eso es un tremendo desperdicio de tu talento. De ninguna manera."
"Opción cuatro es que me convierta en un actor de doblaje famoso para películas españolas. Opción cinco es que me convierta en un granjero y tú puedes ser mi vaquera sexy en el rancho. Opción seis es que nos escapemos a Zihuatanejo y nos unamos con Morgan Freeman en Sueños de fuga y vivamos de la pesca por el resto de nuestras vidas. Opción siete, fotografía boudoir, tal vez unos pornos si nos estamos sintiendo juguetones. Personalmente, pienso que hay mucho futuro ahí," él dice sonriendo.
"¿Qué? Adrián, ¿has perdido la cabeza?" prácticamente grito.
Él suelta una carcajada. "Estoy bromeando, obviamente. Sólo estaba tratando de hacer ver las primeras opciones como decisiones de vida más razonables."
"Ah. Obviamente," digo, avergonzada de haber pensado que hablaba en serio sobre algunas de esas opciones. Es difícil creer que él puede bromear ahora. ¿Vaquera sexy? Por favor, Sofía.
"Bebé, hablando en serio. ¿Considerarías mudarte a Washington conmigo? Creo que podría ser bueno para nosotros, pero claro que sólo si tú quieres."
"¿Estás bromeando? Me encantaría, Adrián. ¿Pero cómo le haríamos?"
"Bueno, lo primero es que necesitarías solicitar admisión a universidades en Washington. Las buenas noticias son que hay muchas buenas universidades ahí y probablemente podrías transferir créditos de tu primer semestre. La oferta que me dieron es por tres años así que con suerte eso te da suficiente tiempo de terminar la universidad por si nos necesitamos mudar de nuevo, o puedo tratar de extenderlo más si necesitas más tiempo."
"¿Crees que me aceptarían?"
"Claro, chiquita. Hay unas universidades más difíciles como Georgetown, pero también hay muchas universidades como American que en realidad mucha gente internacional va ahí incluyendo hijos de diplomáticos, entonces pienso que quedaría muy bien con tu perfil."
"¿Y si mis padres no me dejan?"
"Sofía, esa es otra cosa que necesitas entender. Tienes dieciocho años, pronto vas a cumplir los diecinueve. Ya no necesitas pedirle permiso a tus papás. Es tu vida y tú decides qué es lo mejor para ti y luego les dices lo que decidiste."
"Está bien, ¿pero qué si lo impiden? Digo, financieramente ellos me mantienen así que no es como si no tuvieran voz ni voto en esto."
"Ellos no van a hacer eso. Pero aunque lo hicieran, podrías tratar de conseguir becas y yo también te puedo ayudar. Estaría ganando suficiente dinero con esta oferta y me guste o no, ahora también tengo la herencia de mis padres."
"Adrián," contesto, inmediatamente abrazándolo al recordarlo. "Espero que no llegue a eso. ¿Me ayudarás a hablarlo con mis padres?"
"Claro. Con suerte no me colgarán de cabeza cuando regresemos, pero sí, les podemos comentar sobre nuestros planes juntos. Por cierto le mandé un texto a Nico cuando te estabas bañando. No dije dónde estábamos, sólo que necesitabas un tiempo y que estábamos bien. Espero que esté bien."
"No, qué bueno. Gracias por hacer eso. Gracias a dios eres la persona madura entre los dos," le digo, dándole un pequeño codazo.
"Culpo al maldito terapeuta. Oficialmente me robó mi juventud por hacer que planee todo por adelantado," dice bromeando.
"Creo que secretamente siempre fuiste un viejo," le sigo la broma.
Él me agarra por la cintura y me trae encima de él. "No soy tan viejo," él se queja. "Tú sólo eres demasiado joven por tu propio bien. Eres como una pequeña saltamontes."
Jalo su camisa, fingiendo dolor. "El viejo y el saltamontes. Suena como el título de un libro extraño que nunca leería."
Él se ríe y besa mi frente. "¿Así que realmente vamos a hacer esto?" me pregunta emocionado.
"Sí," respondo de inmediato, sonriendo feliz sólo con la idea.
Él me sonríe de vuelta y creo que nunca lo he visto tan contento. "De acuerdo, una última cosa y luego estás librada. Sólo prométeme que no te vas asustar y te debería advertir que probablemente no es lo que piensas."
"Adrián, creo que no puedo manejar más malas noticias esta noche."
"No es malo, lo prometo. Es bueno ... espero," dice sonriendo.
Él busca dentro de su bolsillo y sin demorar desliza algo en mi dedo. Más específicamente, en mi dedo de anillo izquierdo. Lo miro con incredulidad, admirando lo hermoso que está y fascinada al ver algo en mi mano que no pensé que pasaría en muchos años.
"Es un anillo de promesa," él explica. "Te juro que si fueras mayor, estaría de rodillas ahora mismo y realmente quiero que eso pase algún día. Pero hasta entonces, estaré esperando hasta que estés lista. Sé que es mucho pedir que te mudes a Washington conmigo, pero quiero que sepas que estoy completamente comprometido a ti y no puedo esperar a empezar nuestra nueva vida juntos."
"Dios mío, Adrián. Es tan hermoso. Gracias," le digo abrazándolo fieramente.
Por favor no llores de nuevo. Esto es bueno, estás muy contenta. Tengo que recordarlo y trato de respirar profundo para controlar mis emociones.
"¿Te gusta? Estaba preocupado porque honestamente no sé sobre estas cosas, pero Carmen pensó que te gustaría," él me dice.
¿Consultó con ella sobre esto? ¡Eso es tan lindo! "Sí, me encanta. ¿Cuándo lo conseguiste?"
"Esta mañana, aunque ya lo había estado pensando hace tiempo. Quería encontrar el momento adecuado para dártelo sin que te asustaras."
Sacudo la cabeza al darme cuenta que él pensó en esto y miro mi mano de nuevo para admirar el anillo un poco más. La banda tiene forma de símbolo del infinito con diamantes cubriendo el nudo superior. Se ve muy elegante en mi mano y pienso que no pudo haber elegido algo más perfecto. Este tiene que ser el día más loco de mi vida.
Adrián trae mi mano a sus labios y suavemente besa mis nudillos, seguido por el anillo en mi dedo. "Te amo, Sofía," él dice mirándome adorablemente.
Honestamente tengo el mejor novio del mundo. Inmediatamente me inclino para besarlo, mi corazón calentándose y mi cuerpo derritiéndose. Traigo mis piernas alrededor de su cintura, sentándome sobre él para poder alcanzarlo mejor. Él sujeta mi espalda y me acerca más para profundizar el beso. Es tan tierno y lleno de promesas que no puedo esperar para empezar el resto de nuestras vidas juntos.
"Llévame a la cama, Adrián," susurro.
Él sonríe y envuelve sus brazos debajo de mis muslos levantándonos fácilmente. Mis piernas se doblan alrededor de su cintura mientras camina la distancia corta hacia mi habitación.
Después de patear la puerta para cerrarla, me coloca sobre el borde de la cama y se arrodilla frente a mí. Mi corazón instantáneamente empieza a martillar en mi pecho ante la realización de lo que está por pasar. Me mira intensamente y corre su pulgar por mi mejilla.
"Debes estar cansada, chiquita. Has tenido un día largo," él dice suavemente.
¿Me está diciendo que no quiere hacer esto? Me encojo de hombros. Sí estoy cansada pero mi cuerpo también está zumbando con electricidad. "Sí y no."
Él se ríe. "No te apures si no estás segura. Tenemos tiempo."
"Estoy segura, Adrián. Quiero esto contigo," le digo con seguridad. Siento que lo tengo que convencer de ello constantemente, y siento que me está rechazando. Un pensamiento inseguro surge dentro de mi mente. "¿No quieres esto?" le pregunto.
"Chiquita, te puedo asegurar que esto suma cada fantasía que he tenido por los últimos cuatro años, especialmente cuando se trataba de estar en esta casa, durmiendo en la habitación de enfrente."
"Travieso. ¿Querías colarte aquí adentro?" le sonrío.
"Cada noche," él me sonríe de vuelta con un destello en sus ojos. Debe haber recordado algo en particular porque se inclina a besarme con determinación renovada.
Tomo ventaja de ello y rápidamente empiezo a desabotonar su camisa de franela. He aprendido que tengo que hacer estas cosas rápido antes de que trate de pararme. Sólo he conseguido desabotonar los primeros dos botones cuando él retrocede. Empiezo a quejarme pero él alcanza un brazo detrás de él y jala la camisa por su cabeza, en la manera que los hombres sólo parecen hacer cuando se desvisten. Pero viéndolo a él hacerlo y el hecho que quería acelerar el proceso esta vez ya me tiene retorciendo por dentro.
Él me quita la playera igual de rápido, alcanza el botón de mis jeans y jala el cierre. La velocidad en que se está moviendo es absolutamente emocionante. Normalmente me tortura con un ritmo lento, revisando conmigo de antemano para ver si estoy bien con todo.
Antes que me dé cuenta, me está acostando sobre la cama con sólo nuestra ropa interior entre nosotros. La vista de él es increíble así, sus músculos flexionados mientras me acuesta suavemente. Él se coloca encima de mí y corre sus manos bajo mi cuerpo, encendiendo un pequeño fuego en todas las partes que me toca. Me encanta la manera intensa que me mira al hacerlo, apreciando cada momento.
Me hace a un lado de manera que estamos mirándonos de frente y mis dedos inmediatamente viajan por su pecho. Creo que esta es mi parte favorita de él, y sé que nunca sobrepasaré el sentir de todos los diferente cordoncillos y contexturas al trazar sus abdominales.
Me besa suavemente mientras que sus brazos se envuelven detrás de mi espalda. Desabrocha mi sostén expertamente y trae los tirantes sobre mis hombros, dejándolo caer bajo mis brazos y sobre la cama. Sus dedos corren a través de mi clavícula antes de bajar sus manos hacia mis pechos.
Me quedo sin respiración cuando empuja mis hombros hacia atrás de manera que estoy acostada de nuevo y empieza a descender por mi cuerpo. Un calor se esparce por mi cuerpo en anticipación mientras su lengua gira alrededor de mi estómago. Alza la cabeza para mirarme mientras sus dedos se enganchan en mis pantis y las baja por mis piernas, y sé que me está pidiendo permiso de nuevo. Debe estar loco para pensar que no quiero esto.
"Sí. Por favor, Adrián," digo apenas reconociendo mi voz. Eso me ha estado pasando mucho últimamente.
Sus ojos se llenan de deseo al posicionarse entre mis piernas. Siento otra ola esparcirse por mi cuerpo y casi me siento avergonzada por ello. Estoy completamente prendida y ni siquiera me ha tocado todavía.
Él suelta un gemido profundo el momento que lo hace y lloriqueo en respuesta.
"Dios, bebé," deja escapar antes de continuar a deshacerme en pedazos.
Mi cuerpo entero empieza a acalorarse y el mismo cosquilleo de ayer empieza a aparecer. Jesús, ¿eso sólo fue ayer? Creo que no podré salirme de esta cama a tal paso.
Todos estos sentimientos me son tan desconocidos y nunca pensé que podría sentirme así ... con tanto placer. Siempre me he preocupado que no podría, pero déjaselo a Adrián para que completamente quiebre todas las nociones preconcebidas que tenía. Su roce siempre ha sido cálido y suave, y sé que cuando lo hace, es porque me ama. Con él me siento segura, querida, y sé que nunca me lastimaría.
El clímax me pega de la nada, y justo como ayer, suelto un grito inesperado mientras mi cuerpo se hace cargo de mi mente. Pero a diferencia de ayer, no llego a sentirme avergonzada por ello.
Adrián sube mi cuerpo para mirarme, sonriendo ampliamente con satisfacción. Él cepilla su pulgar sobre mis labios y lo beso. Él gime y empieza a besarme alrededor del cuello.
Lo tomo como una señal que quiere más, y alcanzo sus bóxers para quitárselos. Se sienta para traerlos bajo sus piernas, y la vista de su cuerpo completamente desnudo es glorioso. No me atreví a quitárselos ayer, pero ahora que lo veo, no puedo esperar más tiempo para sentirlo dentro de mí.
Lo jalo de nuevo hacia mí y envuelvo mi mano alrededor de él, guiándolo hacia mí. Él es grande y pienso en cómo esto probablemente me va a doler, pero sé que va a valer la pena.
"Bebé, no tengo condón," me dice preocupado.
"Está bien, tomo pastillas," respondo.
"¿En verdad?" pregunta sorprendido. Parece quererme preguntar por qué, pero no lo hace.
"Sí. Pero supongo que tendríamos que regresar mañana porque no las traje conmigo," de repente me doy cuenta con decepción.
Él se inclina para besarme. "Es tú decisión. Entiendo si no quieres regresar todavía."
Sólo el hecho que está ofreciendo esperar para que pueda tener más tiempo aquí me da mi respuesta. "Te quiero, Adrián. Hazme el amor."
"Te quiero también, Sofía. Y te amo tanto," él contesta.
Trae una mano bajo mi cuerpo y desliza sus dedos dentro de mí. Suelta un gruñido en aprobación al tocarme, prendiéndome más. "Estás tan lista para mí."
"Sí, te necesito," contesto. Lo puedo sentir. Es un anhelo profundo y añoranza que siento por él.
Él saca sus dedos de mí, y lo suelto mientras empuja adelante, alineándose con mi centro. "Iré despacio, ¿de acuerdo? Pero por favor dime si te duele."
Asiento con la cabeza y él no duda, lentamente moviéndose poco a poco dentro de mí. Él guarda mi mirada todo el tiempo, buscando alguna seña de dolor, pero no siento ninguna. Sólo es un poco de incomodidad, más como una presión al estrecharme.
Siento cuando pega contra una barrera y él retrocede, cediendo unos centímetros y luego apretando de vuelta otra vez. Repite el movimiento un par de veces más hasta que empuja adentro completamente, causando que respire entrecortado.
Dios mío.
Él se queda inmóvil y se inclina para besarme, dándome tiempo para que me ajuste a él. "¿Estás bien, bebé?" él susurra.
"Sí," respondo, sujetando sus hombros.
Me sonríe con confianza y se mueve para besar mi cuello. "Relájate, chiquita. Se sentirá bien dentro de un minuto."
Él empieza a moverse y me aseguro de quedarme relajada como me acaba de decir. Ya puedo sentir mi cuerpo respondiendo, acogiéndolo más con cada movimiento.
"Sofía, te sientes increíble," él alaba. "Lo sabía."
Mi respiración se vuelve más fuerte mientras que él sujeta mis caderas y se hunde dentro de mí. Ahora se siente más profundo y nuestros cuerpos se ajustan perfectamente. Puedo sentir el latido de mi corazón pulsar a través de mi cuerpo, y esa es la única otra cosa de la que estoy consciente. El resto de mis habilidades motoras y funcionamientos han desaparecido. Me siento sin peso. Líquida. Un charco de masa. Y se siente increíble.
"Adrián," gimo. "Por favor, más."
Necesito sentir más de esto y quiero que nunca se acabe.
Él gime y se sale de mí y casi lloro por la pérdida. Trae mi cuerpo más abajo en la cama y se hunde en mí otra vez, deslizándose fácilmente dentro de mí esta vez.
"Ay dios," suelto mientras pone un nuevo ritmo. Es más rápido, más firme, y completamente increíble. Muevo mis caderas para encontrar sus movimientos y él murmura mi nombre. Nunca me ha gustado el sonido que sale de sus labios tanto como en este momento.
Él alcanza mis manos y las trae a los lados de mi cabeza, entrelazando nuestros dedos juntos. Puedo sentir el anillo de promesa que me acaba de dar entre mis dedos y hace que mi corazón dé vueltas. Me hace desear que él tuviera su propio anillo para hacerle juego al mío. Porque ahora él es una parte de mí tanto como yo soy un parte de él.
Él empieza a ir más despacio otra vez, moviéndose cuidadosamente dentro de mí con movimientos largos y calculados. Siento cada uno de ellos más que el siguiente y sé que va a ser cuestión de segundos antes de que me lleve sobre el borde. Mis paredes empiezan a comprimirse y lloriqueo mientras la ola de calor se hace cargo de mi cuerpo.
"Sí, bebé," él gime. Sus ojos cafés perforan los míos mientras encuentra su propia descarga.
Sé que sólo es mi primera vez, y probablemente debería estar preocupada por esto aunque esté en la pastilla porque nunca puedes ser demasiado cuidadoso, pero confío en él por completo y no me preocupo más por ello. Lo amo tanto y sé que él me cuidaría sin pensarlo dos veces si algo llegara a suceder.
"Te amo, Adrián," le digo sin aliento.
"Te amo, Sofía. Siempre," él susurra de vuelta, sonriendo. Se inclina para besarme, tomando mi boca tan apasionadamente como cuando nos besamos por primera vez.
Dejo que sus palabras me inunden con el fulgor del éxtasis, y por primera vez en mi vida no tengo miedo.
Por primera vez me siento valiente.
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