Capítulo 2
ALEX
—¡Alex!
Me giro y veo a Patty correr hacia mí. La ignoro y sigo de largo, revisando mi horario de clases que indica me he saltado una.
¡Rayos! La estúpida alarma no hizo su trabajo y me desperté con la luz del sol. Estoy en creer que lo que dice el imbécil de Evan es cierto. Seguro tengo una nubecita negra invisible sobre mi cabeza que hace estragos en mi vida.
Siento que me halan el brazo y me giro de golpe, esto provoca que choque con mi exnovia.
—No me ignores, por favor. —Trata de regular su respiración al mismo tiempo que acomoda sus grandes lentes—. Yo quiero disculparme contigo y aclararte que lo que dije no es cierto, terminé contigo por temor y no porque eres poca cosa.
La observo con detenimiento. Patty es una chica hermosa con grandes ojos café, pelo castaño por los hombros y baja de estatura. No es delgada, pero tampoco muy llena.
—Eso no importa, ya tomaste tu decisión. —Trato de alejarme, pero me agarra el brazo de nuevo.
—Feliz cumpleaños. —Saca de su bolso una pequeña cajita con un moñito azul y me lo entrega—. Lamento que tuvieras que pasar ese mal rato en tu día; también quiero saber si hay alguna oportunidad para nosotros aún.
Desvía la mirada sonrojada al decir esto. Su piel es muy clara y por esos sus expresiones son más notables. Suspiro derrotado y tomo el dichoso regalo de su mano. Trato de abrirlo con cuidado, pero termino rompiendo el lazo con caja y papel incluidos.
Me quedo sin habla al ver un costoso reloj de oro muy bonito. Rayos, ¿cómo logró pagarlo?
—No debiste —miento al admirar la pieza e imaginando cómo se vería en mi muñeca.
—No digas eso, Alex, mereces lo mejor. —Se acerca y me da un beso en la mejilla—. Quizás ya estoy lista para dar el siguiente paso en nuestra relación —susurra apenada.
Me sorprendo al escucharla, Patty y yo de besos no hemos pasado porque, según ella, no estaba preparada. Así que me parece sospechoso que precisamente ahora quiera hacerlo.
—Creo que debemos dejar las cosas así, Patty. —Su mirada se torna triste—. Además, si terminaste conmigo es porque no estás segura de que esto puede funcionar. Te mereces más que una relación a escondidas.
—Por favor, Alex, fue un impulso. Tuve una pelea con mi papá porque me escuchó hablando contigo. —Niego con la cabeza, no sé si decirle que ya no me impresiona.
Es loco porque Patty siempre me ha gustado, pero la extraña de anoche no ha salido de mi cabeza y no es que estoy enamorado. Creo que solo me intriga ella, su ojos, hasta el arete que tiene en la nariz. Los labios de patty rozando los míos me sacan de la ensoñación.
—Volvamos y te juro que ahora será diferente.
—No pienso seguir escondiéndome como si fuera un mocoso, somos mayores de edad y a veces creo que estoy con una niña. Eso es muy enfermo.
—Lo sé, pero me debo a mis padres. Sin ellos no sería nadie. —Sus ojos se nublan y sé que se echará a llorar en cualquier momento. Resoplo con cansancio y la abrazo por los hombros.
—Está bien. —Me abraza emocionada, aferrándose a mí con fuerza.
Le correspondo resignado, es mejor que olvide a la chica misteriosa.
════ ⋆★⋆ ════
Pedaleo lo más rápido que me permiten las estúpidas piernas en un intento de no llegar tarde a la entrevista. Hace unos días que estoy buscando empleo y me llamaron ayer para que fuera hoy.
El lugar es una librería, me cayó como anillo al dedo. Quizás mi cara de bobo y los lentes les hicieron tomar la decisión de darme la oportunidad.
Siento que chocan mi bicicleta y caigo de bruces en medio de la calle. La pierna derecha me duele como el infierno y mis lentes han caído. Maldigo entre dientes y trato de levantarme.
—¡Oh, por Dios! Lo siento mucho. —Esa voz me hace girar la cabeza, pero no logro ver a nadie—. Toma, no se estropearon. —Me coloca los lentes y se me aclara la vista.
Unos ojos grises, preciosos, me observan con asombro. Parpadeo sin poder creer lo que veo. Esta chica, es decir, ¿será ella?
Me permito recorrerla por completo: tiene el pelo negro atado en una coleta y algunos flequillos le caen por la frente. Su cuerpo es delgado, pero el vestido corto suelto que lleva le queda de maravilla. Rayos, qué hermosa.
—¿Te conozco? —Sus ojos lucen desconcertados y desvía la mirada mientras niega varias veces.
—Claro que no —sentencia—. Como veo que estás bien, me retiro. —Hace ademán para irse, pero la retengo.
—No estoy bien, me duele mucho la pierna y creo que no puedo caminar. —Exagero tratando de cojear de forma dramática. Rueda los ojos y se cruza de brazos—. Además, dañaste mi bicicleta. —Observo mi medio de transporte, verificando que tiene la rueda de atrás averiada.
—No tengo tiempo para esto —se queja y camina hacia su auto.
—¡Oye! —Levanto mi bici y la sigo deprisa—. Iba camino a una entrevista de trabajo y lo has arruinado. —Para en seco al escucharme.
—¿Qué? —Me mira de arriba abajo y luego a mi bici—. ¿Quién en su sano juicio va a una entrevista laboral en esa cosa? —La señala de manera despectiva.
—No te pases tampoco. —Me le acerco, tanto que logro percibir su colonia—. No todos tenemos autos ni dinero para el autobús.
—Lo siento mucho por el percance, fue un placer y adiós. —Entra de prisa a su auto. Me muevo rápido y me recargo en la ventanilla.
—¿Qué clase de ser humano puede atropellar un ángel como yo y dejarlo a su suerte? —Rueda los ojos con cansancio—. Ya sé, llévame que quizás estoy a tiempo de conseguir el empleo.
Suspira y hace un ademán para que entre. Abre el baúl y coloco la bicicleta ahí para luego sentarme a su lado, sonriendo victorioso.
—Debes guiarme. —Asiento encantado sin poder apartar los ojos de ella—. Deja de mirarme así, me asustas.
—Es que siento que te he visto en otro lado, dobla por aquí.
Asiente concentrada mientras se muerde el labio inferior. Mi mente perversa imagina besándolo. Rayos, debe ser muy buena.
—No lo creo. —Aprieta el volante nerviosa—. Tu cara no me es conocida y no suelo olvidar tan fácil.
Asiento desganado, quizás me estoy volviendo loco y por eso la encuentro tan parecida a la chica misteriosa.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunto no muy convencido y cruzo los dedos. Por favor que sea Lía, por favor que sea Lía.
—Nathalia, ¿y el tuyo? —Mi corazón decae al escucharla. Debo olvidarme de esa chica o terminaré en un manicomio.
—Alex —le respondo cabizbajo.
Llegamos al lugar y ella detiene el vehículo frente a un edificio donde se supone que debo presentarme para lo del empleo.
—Mucha suerte, Alex, espero que logres conseguir el trabajo.
Asiento y me bajo dispuesto a tomar mi bicicleta del baúl. Ella sale también y saca unos billetes de su bolso.
—Toma, es para que pagues un taxi y arregles la rueda de tu bici. —Lo acepto sorprendido.
Ella sube de nuevo a su auto y se va. No dejo de observarla hasta que se pierde por la carretera.

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