Capítulo 7
ALEX
Abro la puerta y vislumbro a Patty. Ella entra, muy alegre, con una bolsa de comida chatarra. Suspiro asustado porque la llamé para que hablemos, pero en realidad quiero acabar con la relación. El problema es que no sé cómo hacer para no dañarla, aunque es necesario. Si me fijé en Nathalia es porque ya no la quiero y eso no es justo para ninguno de los dos.
—Podemos ver una película en tu cuarto, amor. —Se acerca para luego besarme con dulzura. Observo cómo me succiona los labios y me sorprende el hecho de que ya no despierte nada en mí—. ¿Qué sucede? Te quedaste paralizado, Alex.
—No es nada, vamos a comer esto, tengo hambre —chilla emocionada y se dirige a la cocina.
Almorzamos mientras ella habla de todo un poco. Patty es tímida cuando la conoces, pero si entra en confianza no hay quién la pare.
—No debo comer esto —dice mientras muerde una papa frita bañada en salsa—, pero es tan deliciosa que no me resisto. —Asiento ido, no he dejado de pensar en la mejor forma de terminar con ella sin herirla.
—Tengo envidia de tu metabolismo, Alex, comes como piraña y no engordas. —Se ríe de su propio chiste y ruedo los ojos.
Es cierto, pero mi complexión delgada me es una carga. No tengo músculos ni los cuadritos que tanto les gustan a las mujeres. Acepto que es mi culpa, quizás si fuera al gimnasio e hiciera ejercicios pueda que me ponga en forma. Pasa que soy muy perezoso en cuanto a eso, una vez me inscribí en uno y fui solamente el primer día.
Patty me toma del brazo y me lleva a la habitación, cierra la puerta con seguro para luego mirarme como si yo fuera su dulce favorito.
—Te tengo una sorpresa, mi amor.
Se acerca y me besa apasionada. Le correspondo y jugamos por un rato con nuestras lenguas.
Se separa de mí toda roja y se quita la blusa. Me muerdo los labios al ver su sostén rosa transparente. Me pongo nervioso, nunca he estado con una mujer y no creo que sería bueno que pase con ella. Respiro, soy un hombre y reacciono al ver cómo cae su falda, mostrando una tanga pequeña a juego con el sujetador. Ella vino preparada.
Se acerca, cual león a su presa, me tumba en la cama y se sube sobre mí. Me besa el cuello con una desesperación que me sorprende, esto hace que se me nuble el juicio. Cierro los ojos al sentir todas las sensaciones que me proporcionan sus besos y el vaivén de sus caderas.
La toco por todas partes, es la primera vez que tengo esta oportunidad y sería un idiota si la desaprovecho. Me retira la camiseta y desata el cinturón de mi pantalón como toda una experta. Se supone que ella no tiene experiencia, pero los movimientos circulares que hace sobre mí me hacen dudar.
Me posiciono sobre ella con agilidad, esto provoca que ella se ría como si estuviera loca. Quiero hacerlo, lo necesito, no puede ser que a mi edad nunca haya tenido sexo. Si Evan o cualquiera lo llega a saber, sería el hazmerreír.
Pero no es bueno para Patty, no puedo usarla y después terminar con ella. Eso sería muy injusto. Gimo cuando me toca y acaricia varias veces. Joder, esto es difícil, ella sabe lo que hace.
—No lo pienses tanto, Alex.
Sus ojos están brillosos, tiene los labios y mejillas rojos por la actividad. Reúno todo el autocontrol que tengo y me separo con un problema muy visible entre las piernas.
—No podemos, Patty, lo siento.
Agarro mis pantalones y me los pongo deprisa. Ella me mira entre confundida y molesta, como si no creyera lo que escucha.
—¿Estás bromeando? Porque no es gracioso, Alex.
Se levanta de la cama con el ceño fruncido y las manos en la cintura.
—Vístete, por favor, tenemos que hablar algo serio.
Le extiendo su ropa y me la arrebata con enojo.
—¿Y bien? ¿Por qué me rechazas? Tantas veces que me habías pedido esto y cuando lo vamos a hacer te echas para atrás. No te entiendo.
—Es que —hago silencio sin saber cómo decirle—, quiero que terminemos. —Ella parpadea y luego se echa a reír como si estuviera loca.
—Sí, claro, Alex. Deja de jugar.
—No es ningún juego, esto es muy serio. Quiero que terminemos.
Sus ojos se abren en sorpresa al darse cuenta de que no estoy bromeando.
—No lo creo, ¿por qué quieres hacerlo?
Sus labios tiemblan y se acomoda los lentes nerviosa. Verla así me hace sentir mal, pero es que no la puedo seguir engañando.
—Me he dado cuenta de que te quiero, pero no como mi novia.
Su rostro se distorsiona y la tristeza se convierte en ira en un segundo.
—¡Eres un malnacido! —grita y empieza a tirar todo. La tomo de los brazos, pero se sacude con violencia—. ¡Suéltame! Después de todo lo que pasamos, solo te aprovechaste de mí. —La dejo ir y me alejo por miedo a que me golpee.
—No es así, Patty, es mejor decirte la verdad a estar contigo sin gustarme.
—Ahora no te gusto, después de todo lo que hice por ti. Eres un maldito miserable. —Bien, eso me ha dolido—. Mucha hambre que te he saciado, cuando no tenías ni para el autobús y ahí estaba yo como una estúpida. —Mira mi muñeca—. Quiero que me devuelvas el reloj.
Parpadeo para evitar las lágrimas, no puedo creer todo lo que está saliendo de su boca.
—No lo tengo, me asaltaron...
—¡Mentiroso! —me interrumpe, se acerca como un rayo y me pega una cachetada.
Los lentes caen al piso y me agacho para recogerlos. Por suerte los encuentro y me los acomodo.
—¡Vete de mi casa! —exploto de ira e impotencia.
Ella se ríe sin gracia, con un cinismo que me sorprende porque nunca la había visto así.
—¿Tu casa? Será la casa de Evan, ya que ni para la renta puedes aportar porque no trabajas.
La observo incrédulo, no puede ser que ella me esté diciendo todo esto. Sabe por lo que he pasado, el rechazo que he recibido incluso de mi madre. Los ojos se me nublan por las lágrimas retenidas que están locas por salir, pero no soy un llorón. Así que trago en seco en un intento de componerme.
—Tienes razón, Patty. Si ya terminaste de insultarme, por favor, vete.
Hace silencio por unos segundos sin dejar de mirarme con odio.
—Me das lástima, Alex, no sabes lo que estás haciendo. Deberías agradecer que te hice caso y fui tu novia. Nadie se va a fijar en un tipo tan feo como tú —dicho esto, se retira en un santiamén.
Me quedo en el mismo lugar, aún sin poder creer lo que ha pasado. Agito la cabeza varias veces y me dispongo a recoger todas las cosas que tiró. No obstante, mi mente no deja de reproducir sus palabras. Ella tiene razón, nadie se fijará en mí y mucho menos la chica que me gusta.

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