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Capítulo 2: Trato

El tiempo corría en una danza donde los minutos y segundos bailaban acompasados. Sylquif se preguntó qué hacer ¿de verdad le hará caso a esa mujer? Tal vez era una alucinación. Pero, algo dentro de él le hacía ver que gracias a ella podrá saber la verdad.

—Lo primero, debo salir de este lugar —se decía a si mismo en voz baja añadiendo—: luego le preguntaré a alguien dónde se encuentra el palacio de san James.

»A pesar de ser todo tan extraño, tengo que calmarme. Es cierto, no recuerdo nada y también, está el hecho de aquellas visiones; fruto de mis pesadillas constantes.

Sale del aseo y al regresar a la habitación contigua consigue ver otra puerta del mismo material por la que acaba de salir. Agarra la manilla y con un ligero giro de muñeca se abre sin quedarse en la mano. Se preguntó si pudo abrirla por el cuidado depositado o que esta no estaba oxidada.

A la salida observó un pasillo muy grande y larguísimo envuelto por una tela rectangular roja. Alrededor del telar se encontraban jarrones llenos de flores sobre muebles de cerámica. Puestas cerca de las ventanas del piso.

Sylquif continuó caminando agradeciendo a quien había puesto ese telar, ya que sus pies ahora no estaban molestos por el frío.
Terminó llegando a unas escaleras envueltas con el mismo tejido que van hacía arriba y abajo.

Decidió descender. Terminando en un lugar donde salían y entraban personas elegantes a través de unas puertas corredizas; seguidos por otros que llevaban un pantalón sencillo y una blusa de botones. Sylquif estaba expectante ante aquel espectáculo. Una mujer que estaba sentada detrás de una mesa rectangular le llamó la atención.

—Oiga, ¿usted está registrado en este hotel? —preguntó la mujer rubia.

Sylquif le observó con incredulidad y con la boca abierta.

—¿Ocurre algo? —preguntó la misma chica

—No... Sí —tartamudea durante un segundo en el que creyo ver a la misma mujer del espejo—, me llamo Sylquif.

—Muy bien, un momento —soltó la chica, mientras tanto, se puso a buscar entre los papeles—. Disculpe —habló la chica mientras cogía una de las mil hojas.

—¿Señor usted reservó una habitación de la primera planta? —inquirió la chica mirándole de mala manera.

—S-Sí... supongo —musita dubitativo.

—¡Señor! —espetó molesta—, usted rellenó mal la inscripción. Ya que la reserva está al nombre de Osiris.

Sylquif iba a decir algo, pero la chica le hizo un ademán con la mano de que lo dejara

—Da igual sus razones, esto ya está mal escrito. No me meteré en sus asuntos, pero por favor póngase zapatos; está manchando la alfombra. Y vístase con algo más abrigado si no desea tener una hipotermia. —Una vez regresa a los papeles se relaja— Que tenga un buen día.

Sylquif asintió con la cara y siguió caminando hacia la salida. La chica al ver que continuaría vestido así, se molesto de nuevo. Nerviosa se fue a hablar con una compañera con la que le criticó.

Treinta minutos después, llegó al lugar acordado evitando ser atropellado en innumerables ocasiones por carruajes llevados por caballos.

Desorientado observa como entrar a través de aquellas verjas que le impedían conseguir saber más sobre él mismo. Pero, hoy estuvo de suerte; puesto que se abrieron y de ellas salió la mujer que le citó.

—Al fin llegas —soltó la mujer rubia.

—¡Tú! —exclama Sylquif anonadado.

—Sí, yo

—¿Quién eres?

—¿No me recuerdas? —soltó aquella chica con tono burlón—. Piel nívea, pelo rubio, ojos azules, y envuelta por un chal blanco: eso dicen de mí.

—Déjate de rollos —inquirió Sylquif molesto

—Todos me llaman Eris —comentó mientras ponía una pose sensual—. Y estoy feliz de por fin conocerte, Osiris —comentó acercándose para después besarle sin lamentaciones. A lo que Sylquif respondió con sumo rubor.

—Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, eres más entretenido de lo que pensaba. — Con la mano le callo la boca mientras le volvía a mirar con lascivia—. Te he convertido en esto por diversión, y yo puedo romper la maldición ¿Aceptarías hacer un trato?

—¿¡Qué!?

—No quiero preguntas. Solo quiero una respuesta tuya, y es que me digas sí. ¿O deseas seguir viviendo en la ignorancia? —fue lo último que expresó antes de desaparecer.

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