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Capítulo 4: Osiris

Osiris se transportaba a otro lugar. Ya tenía dos objetos; solo restaba uno. Las esperanzas de aquel dios comenzaron a crecer sin cesar.
Y de nuevo volvió a aparecer en un lugar al que nunca había estado antes. De los tres, este era el más oscuro. No había luces ni tampoco personas. Solo se encontraba delante de él una esfera con mezcla entre verde y azul.

—Bienvenido —soltó una voz femenina y serena.

—H-Hola ¿quién eres? —preguntó el chico con ligero temor en su voz.
   
—Mi nombre es Selene. Soy la diosa de la luna.
   
—Ah —soltó inexpresivo—. ¿Entonces tú eres la que tiene el objeto del yin y yang?
   
—Eres Sylquif. Quiero decir Osiris —expresa sin mucho sentido, como si se encontrase en otro lugar.
  
—Si —respondió emocionado—. ¿Entonces lo tienes?
   
—Incorrecto —expuso con una voz casi robótica.
   
—Entiendo...

«Que chica más extraña», pensó Osiris mientras la observaba de reojo. Lo hacía de este modo para no terminar ciego; debido a la luz que desprendía a través del cuerpo de ella. Selene, quien llevaba el mismo color de cabello, lleva un vestido blanco sencillo con mangas largas que le llegan hasta los pies —en la cintura observaba  Osiris que tenía en la cintura un bordado de flores—, quedándose maravillado con las amapolas rojas.

—¿Ocurre algo? —preguntó extrañada de tantas miradas.
   
—No —dijo con un leve rubor en sus mejillas e intentó cambiar de tema—. ¿Entonces cómo consigo el tercer objeto? —preguntó con algunas complicaciones para respirar.

—¡No me has entendido! —exclama la mujer frunciendo el entrecejo.
   
—O-Oye —se cae al suelo y habla con dificultad—, ¿por qué me está costando de repente el respirar?
   
Ella se limita a observar y mover sus manos, donde concentra la energía que más tarde, se esparce por todo el lugar.

—Discúlpame, se me olvidó que eres un mortal y aquí no había oxígeno.

   
—¿Qué eran esas luces?

—Es un hechizo para que segregue oxígeno la Luna.

—Muy bien, ahora, ¿puedes darme el tercer objeto?

—No.

—¡Déjate de tonterías porque estás cansándome! —gritó, conteniendo sus instintos más primarios.

—No me entiendes, escúchame por favor. Primero, Eris no quiere que recojas el tercer objeto.

—¿Eres esa chica rubia?

—No, ella quiere matarte.

—¿Cómo?

—Ella te ha llevado a las distintas moradas donde están las diosas de diversas civilizaciones, pero tienes algo dentro de ti que te hace estar protegido.

—¿Y por qué quiere matarme?

—Es sencillo, tú eres el recipiente para el ritual.

—¿Cómo?

—Sí, Sylquif y tú sois lo restante. ¿Tienes la flor y el espejo?

—Sí

—Sácalas entonces.

—¡Ni se te ocurra! —balbucea Eris. La manzana roja que tenía guardada Osiris emerge desde el bolsillo donde lo guardó. En el aire levita hasta transformarse en la diosa de la discordia.

—Al fin apareces —alardeó con una sonrisa que iba de una oreja a la otra—, sin ti. Este ritual no podrá realizarse.

—¿¡Qué!? —la mujer de cabellos dorados la observó con extrañeza, esperando una explicación.

—Eris besa a Sylquif.

—Dirás Osiris. —la corrigió con una risa tonta.

—Sí... eso —respira hondo y formula una cuestión de nuevo— ¿Lo harás?
   
—Claro que sí, haberlo dicho antes.

—Osiris guarda todos los objetos menos la flor de loto.

—¿Qué?, no quiero hacerlo.
   
—Cállate y obedece —soltó Selene 
   
—Eso—dijo Eris provocativa. Para agarrarle unos segundos después del cuello y sin avisarle lo beso. Sin esperas introdujo su lengua dentro de la boca del mortal. Aquel intentó soltarse pero no lo consiguió. Mientras seguía jugando la chica de ojos verdes, la flor que tenía Osiris sujeta, comenzó a cambiar su color a un negro. Como consecuencia de esto, Eris fue empujada por una onda del mismo tipo que la planta.

Después, surgió del mismo objeto la representación de Osiris quien le entrega el objeto del yin y yang.

—Sylquif, ahora debes iluminar con el espejo este suelo —le soltó Selenne algo nerviosa.

—Tú. —Señaló a Selenne— Me has engañado —molesta corre hacia donde está  ella.

Selene no se inmutó y con su magia crea una cárcel donde encierra a la diosa del caos.

—Si tanto enfado tienes no me importa. Pero compórtate porque Zeus está enfadado, ya que le has dejado en la vergüenza más absoluta.

  
—¡¡No!! —espetó colérica —Por favor, Selenne —suplicó presa del llanto.

Mas fue lo último que dijo antes de que Selene la hiciera desaparecer.

   
—Odio cuando llora de esa manera. Sylquif, discúlpame por esta osadía —soltó avergonzada.

—No tienes porque avergonzarte.

—Al contrario, Eris es mi hermana y por eso debe dar una imagen intachable.

—Sí, pero no te debe afectar la manera en la que se comporte.

—Enfoca el espejo hacia el suelo. —Fue lo último que dijo. Osiris intentó retomar la charla pero ella se cerró en banda.

Osiris hizo lo que se le pidió. La tierra cambió su color a uno naranja y la temperatura comenzó a subir hasta llegar a un punto de ebullición. En la zona marcada comenzó a formarse la silueta del objeto que sostenía el chico.

—Ahora dentro de la silueta arroja todos los objetos.

—Osiris tira los objetos hasta quedarse con el espejo

—Genial, ahora que todos los objetos han sido quemados con el poder del espejo. Dámelo.

Osiris obedeció de nuevo y justo después aparece Osiris con su forma de dios en una cama que se encuentra sobre una nube.

—Osiris, cariño, al fin despiertas.

—Isis —dijo emocionado, soltando alguna lágrima.

—Idiota —le dijo dándole un tortazo en la cara—, no me vuelvas a dejar sola.

—Lo siento...

Isis se calmó porque ya se encontraba todo en calma, pero lo que el dios del más allá no sabe es que desde hace dos semanas llevaba sollozando Isis mientras deseaba que despertara.

—Te amo, Osiris.

—Y yo... idiota. —musitó abrazandoló.

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