Cuadro Primero
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C U A D R O P R I M E R O
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ESCENA I
Lugar: Niníve, capital de Asiria
Es en un salón del palacio de Nabu. Las paredes están revestidas de plata pura y de oro rojizo.
En el centro del salón hay una mesa artística y cuatro sillas recias y elegantes hechas de madera negra y fina.
Un lienzo de pared cierra el fondo y en él hay escenas de reyes luchando con leones. A la izquierda hay una puerta, a la derecha otra semioculta por una cortina verde.
En el centro del salón están Sem y Cam.
SEM. –Pues sí, Cam, como te decía hace un momento: nuestro señor Nabu no ha venido aun, y esto es raro, porque no tardara en venir a visitarlo su amigo Narrassa, como es costumbre en él. ¡Y en verdad, Cam, que nuestro señor Nabu y Narrassa se quieren: son dos amigos como no habrá ni ha habido otros!
CAM. –Tienes razón, Sem, las cosas de Nabu son de Narrassa y las cosas de Narrassa son como de Nabu, y cuando dos llegan a esto de no reñir ni por los intereses, hay que pensar que son dos grandes y buenos amigos; porque por estas cosas riñen y se alejan hasta padres de hijos e hijos de padres...hasta hermanos...y hasta esposos.
SEM. –Y no es eso solamente lo que me asombra, sino que Nabu, nuestro amo y señor, le roba tiempo a la mujer que ama, a esa Istar tan bella y hermosa, por estar junto a Narrassa y charlar con él.
CAM. –Tienes razón, Sem, yo he oído conversaciones que han tenido Istar y nuestro señor y he oído que ella le ha dicho: "Nabu, amo mío, ¿por qué distraes el tiempo charlando con Narrassa y te olvidas de mí, de tu Istar que tanto te ama?" ... Y nuestro señor le ha respondido: "Istar, dulce amor mío, no te robo tiempo a ti ni le robo tiempo a mi amigo Narrassa: a ti, a ti te amo de tal modo que no es posible amara más; y a él, Istar, a el lo quiero tanto que no puedo prescindir de su amistad. Piensa, Istar, en que no tengo padres ni hermanos ni parientes alguno, no quieras, pues, privarme de la amistad de un buen amigo." ¡Oh, Sem, y como es bella y hermosa esta Istar, es tan bella y hermosa que solo con Sirem puede compararse!
SEM. –¡Vamos, Cam, no digas eso: Sirem es la mujer más bella del Mundo! Cualquiera comparación que se haga con ella resulta pobre y triste, ¡y cómica, Cam, Sirem es hermosa y bella como ninguna!
CAM. –Tienes razón, Sem, Sirem es hermosa y bella como ninguna, y tremenda, Sem, tanto que un día nos encontramos frente a frente en una calle de esta Ninive; yo la mire alelado, con la misma admiración con que todos los hombres la miramos...y las de saber, Sem, que ella me miro, me miro fijamente y sin enfado, y mi pobre humanidad se estremeció toda, Sem, toda...y comencé a temblar tanto y tan fuerte que las piernas se me doblaban ¡y por poco voy al suelo!
SEM. –Vamos, Cam, eres tan tonto que puedes creer que Sirem, ¡Sirem! se fije en ti, en ti, ¿Cam, que eres esclavo, feo y viejo?
CAM. –(con calma) ¿Que sabes tú, Sem, del alma femenina? ¿Qué sabes tu de caprichos de mujeres? ¡Mira, Sem, te doblo en edad, y no he sido esclavo toda mi vida! Y he vivido en otras tierras...y no creas que piense en que pueda agradarle a Sirem: ¡los dioses me libren de eso!
SEM. –¿Por qué, Cam?
CAM. –Calla, calla, Sem, que ahí viene nuestro amo y señor.
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