Capítulo 3 La Batalla Comienza
Capítulo 3 La Batalla Comienza
No se sabía a ciencias ciertas de qué lado lucharían los vilkacis hasta los primeros soldados de la Hermandad fueron masacrados y desmembrados. La sangre del enemigo pintaba de rojo la alfombra blanca de nieve que cubría el empedrado piso de la pequeña fortificación. Una nevada fortísima hacía casi imposible que se pudiese distinguir entre las fuerzas que se enfrentaban de manera campal y el blandir de la espada se escuchaba en medio los ejércitos enfrascados en fiera lucha. Los gritos desgarradores de algún soldado que caía mortalmente herido ya fuere bajo el hierro filoso o bajo las garras bestiales, se escuchaban por doquier. Y aunque los Hermanos de Letonia superaban por mucho en número a los famélicos guerreros zemgalos, estos últimos batallaban con determinación y entereza.
Los vilkacis habían llegado de manera casi milagrosa a ayudarlos y peleaban dispersos por las cuatro esquinas del fortín. Con increíble fuerza y brutalidad estas criaturas parecidas a lobos gigantescos tiraban a los soldados enemigos de sus caballos y los atacaban sin clemencia rasgando sus armaduras con facilidad y haciendo tiras su carne con sus garras y afilados caninos.
Mientras, en una esquina de la fortaleza, el viejo Miloslav era acorralado por un par de caballeros de la orden. El pobre hombre sostenía su rústica espada en alto buscando conseguir defenderse a duras penas de la amenaza mortal que representaban estos corpulentos guerreros. Los hombres cerraban peligrosamente la brecha entre ellos y el anciano quien daba pasos cortos hacia atrás hasta encontrar su espalda la fría pared de piedra.
Al otro extremo del precinto, Mila sacudía el cuerpo inerte de un soldado de la orden como un guiñapo desgarrado. Los ojos de la mujer lobo resplandecieron como granates coléricos una vez que divisó a su padre acorralado. Inmediatamente reaccionó y soltó lo que quedaba de aquel hombre corrió a toda prisa a través de la fortaleza para salvar a su padre. Justo en el momento en el que los guerreros enemigos se disponían a matar a Miloslav, Mila llegó para colocarse en medio de estos. Con un rápido movimiento agarró con sus fauces a uno de ellos y lo lanzó en el aire, a varios metros de altura hacia el otro lado de la muralla, fuera del fortín.
El segundo soldado era ahora quien estaba siendo puesto con sus espaldas en la pared. Su cuerpo tiritaba del terror. —Por favor... No... —suplicó.
Pero Mila no podía dejarle con vida. La loba de pelaje dorado se abalanzó contra el hombre para acabar con él. En un segundo destrozó su garganta haciendo que los chorros de sangre salieran disparados en todas direcciones. La cara de Miloslav reflejaba una mezcla entre alivio y terror frente a lo que veía. Su hija que antes fuere una delicada doncellas a ahora una criatura monstruosa enorme, un vilkacis.
Padre e hija se miraron por unos segundos.
—Mila —murmuró Miloslav.
Ella lo levantó con cuidado y lo colocó sobre su lomo. El hombre se aferró al pelaje de la criatura y Mila emprendió carrera pasando por encima de cientos de cadáveres que se encontraban esparcidos por el piso de la fortaleza.
A la distancia se oyeron los cuernos que anunciaban la retirada. Lord Volkwin daba la orden y los pocos soldados la hermandad que quedaron con vidas alían huyendo del fortín colina abajo.
Dentro de la fortificación todo era un caos. La sangre corría cubriendo cada palmo del lugar. Cerca de una treintena de hombres quedaron con vida, todos ellos miembros de las tribus locales. El enemigo había ido derrotado gracias a la ayuda de los vilkacis. Los aldeanos entonaban himnos de victoria a la diosa Seoule.
Poco a poco los hombres lobo dejaban la estructura. Solo Mila y su pareja permanecían allí. El viejo Miloslav y su hija se miraban con terneza el uno al otro. De los ojos color ámbar de la loba caía una lágrima. El amoroso padre la enjugó con sus dedos.
—No estés triste Mila. Le voy a decir a tu madre que te he visto y que estas muy bien. Ve y llévale el mensaje a los demás miembros de la manada que le agradecemos este gesto infinitamente. Pueden irse —el ahora lloroso padre le habló a su hija. Luego colocó sus brazos alrededor del cuello de la loba en forma de un abrazo paternal.
Un aullido se escuchó fuera del recinto amurallado. Era el llamado de la manada. Mila tenía que volver con los suyos.
—¡Vilkacis! —vitoreaban los aldeanos celebrando.
Una vez en el bosque, los vilkacis se transformaron en humanos nuevamente. La nevada caía sobre la piel desnuda de los hermosos hombres y mujeres y los copos se derretían al contacto. La pareja de Mila la tomo de la mano y siguieron al resto de la manada hasta perderse entre la espesura del boscaje.
Los aldeanos ya enfilaban hacia sus hogares donde de seguro contarían lo maravilloso del suceso y como los vilkacis los ayudaron a convertirse en hombres y mujeres libres en sus tierras.
Fin
Historia inspirada en el video clip de la canción She-Wolf (Falling to Pieces) David Guetta ft. Sia. La trama está basada en un acontecimiento real de la historia en la toma de Riga y Aizkraukle antigua Terra Mariana, actual Letonia por parte de la Orden de Livonia o Monjes Guerreros. Los nombres topónimos son reales y pertenecen a la época señalada. Los nombres de las personas son oriundos de la región y la palabra vilkacis significa hombre lobo en las antiguas lenguas de la región.
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