Chào các bạn! Truyen4U chính thức đã quay trở lại rồi đây!^^. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền Truyen4U.Com này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 10.


Las horas pasaron rápidamente y la noche finalmente cayó, trayendo consigo la fiesta que tanto habían estado esperando los habitantes del pueblo; de igual manera, los huéspedes de la posada habían sido invitados al evento y muchos de ellos aceptaron gustosos asistir, siendo que el lugar se encontraba repleto, tanto de turistas como de ciudadanos locales, los cuales conversaban alegremente unos con otros, compartiendo historias, anécdotas y tradiciones familiares por lo que por todo el lugar se podían ver caras alegres y unidas en una gran convivencia.

En el centro del salón, el árbol de Navidad lucía espectacular con sus luces y adornos brillantes, su punta estada decorada con una hermosa estrella dorada que había sido colocada por Schneider, quien, fiel a la tradición que se tiene en Alemania de decorar el árbol la misma mañana de Nochebuena, no había querido perder la oportunidad de celebrar esta costumbre al lado de Gwen, la otra alemana, siendo que ambos se la pasaron muy felices por un largo rato, esmerándose en cada uno de los detalles que el árbol tenía, para luego continuar con la tradición de envolver los regalos y colocarlos bajo el árbol a la espera del evento, encendiendo además velas por todo el salón una vez que comenzó la festividad. Las mesas estaban elegantemente decoradas con manteles blancos y rodajas de naranja alrededor de los centros de mesa para dar ese toque cítrico de las festividades, incluso el árbol de navidad tenía algunas rodajas de naranja entre sus ramas como parte de las tradiciones francesas.

La cena fue todo un éxito gracias a los numerosos y variados platillos que se habían preparado y que eran una representación de las nacionalidades que habían intervenido: por parte de los franceses no podían faltar el paté de ganso o fois gras, el salmón, el pavo, los dulces de chocolate, los tradicionales mazapanes, un sin número de pasteles que complacían a todos los gustos, sin olvidar el tradicional Bûche de Nöel o tronco navideño, uno de los más representativos pasteles para estas fiestas, el cual iba acompañado de crema batida, cerezas y helado; por su parte no podían faltar los innumerables platillos italianos con pescados, pastas y vegetales entre sus principales ingredientes además de tartinas y decenas de postres; por último, por parte de los alemanes había panes, galletas y, por supuesto papas con salchichas. Para beber había sidra, vino tinto y chocolate caliente, además de champaña y glühwien, vino tinto caliente con rodajas de naranja.

En el salón todos celebraban y tomaban de los manjares que había en las mesas, los cuales habían sido preparados con mucho esmero por los anfitriones con ayuda de Lily, Gwen y Gino; los platillos eran prácticamente devorados por los invitados al tiempo en que eran alabados por la exquisitez de cada uno de ellos, pero sobre todo el gran favorito de la noche fue el pan que había preparado el italiano el cual prácticamente desapareció en cuestión de minutos.

— Qué bueno que hay otro en la posada —suspiró Gino, cuando quiso ir a tomar un pedazo de pan y halló la bandeja vacía.

— Vamos, que tú siempre lo comes, no hagas drama y piensa que alguien más lo disfrutó —comentó Genzo, parado detrás del italiano, saboreando la última rebanada del pan.

— ¿Cómo tú, por ejemplo? —preguntó Hernández, al verle comer.

— ¿Qué te puedo decir? —respondió Wakabayashi, encogiéndose de hombros al tiempo en que se metía a la boca el último pedazo de pan—. Creo que te iría muy bien de panadero si por alguna razón ya no puedes continuar como portero —se mofó el japonés, al ver el éxito que había tenido el dichoso pan.

— Es bueno saberlo —rio el italiano ante las burlas del japonés—. Tomaré en consideración tu sugerencia, aunque ya tengo en qué ocuparme si no llego a ser un buen futbolista y me terminan corriendo del equipo.

— Si no dejas de besar árboles, es seguro que te correrán pronto — se volvió a burlar Genzo.

— Si no te han corrido a ti, que eres de alfeñique, dudo mucho que lo hagan con Hernández —comentó Karl, apareciendo a su lado con un plato de puré de papas y un poco de pescado.

— ¿Sólo comerás eso? —preguntó Wakabayashi, asombrado, pues él ya llevaba tres platillos copiosamente servidos.

— En casa solemos cenar sólo papas con salchichas este día —respondió Schneider, con tranquilidad—. Ya mañana y pasado mañana nos damos el gran festín.

— ¡Oh, es cierto! En Alemania festejan dos días la Navidad —comentó Gino, recordando las tradiciones del país teutón—. Nosotros sólo lo hacemos un día, pero es un enorme festín con más de 13 platillos diferentes y qué decir de los postres, una cantidad casi igual.

— ¡Eso es demasiada comida! —exclamó el alemán, bastante asombrado.

— ¿Y cómo es que se levantan de la mesa después de tanta comida? —se burló el japonés, al imaginarse la escena en cuestión.

— He ahí el detalle —respondió el italiano—. Es ésa la razón por la que hacemos sobre mesa durante largas horas —rio, bastante divertido.

Rato después de que la cena terminara, los invitados volvieron a platicar e interactuar entre sí, bromeando y contando anécdotas de sus lugares de origen además de que tanto niños como adultos estaban más que fascinados de tener a futbolistas profesionales como invitados de honor a la cena, siendo que ninguno de ellos quería desaprovechar la oportunidad de tomarse una foto con ellos y obtener su respectivo autógrafo, lo que los jóvenes con gusto otorgaron. El evento estaba resultando todo un éxito por donde se viera y tanto anfitriones como invitados de honor la estaban pasando muy bien; después de eso nadie se resistió a participar en los villancicos que se cantaron a las afueras del salón y todos sin excepción alguna cantaron a todo pulmón.

— Qué bueno que eres futbolista —le comentó Karl a Genzo, al ingresar nuevamente al salón una vez que los cánticos terminaron al tiempo en que se frotaba las sienes.

— ¿Por qué lo dices? —preguntó Wakabayashi, confundido.

— Con lo tremendamente desafinado que eres para cantar, matas a cualquiera que escuche tus berridos —comentó Schneider, sobándose de nuevo el oído.

— No veo que tú hayas muerto en el proceso y eso que estabas parado junto a mi —refutó el japones, con sorna.

— ¿Y quién te dice que no lo hice? Quizás ahora estás hablando con un fantasma —le regresó la burla el alemán.

— ¡Touché! Ahí si te ganó Wakabayashi —agregó Gino—. Pero no se preocupen que los grabe a ambos y en cuanto pueda subiré el video a mis redes sociales para que la gente me dé su opinión de quien es el más desafinado.

– En ese caso, tú tendrías que participar también en esa encuesta – contraataco el japonés.

– ¡Eso es completamente falso! – respondió Hernández, con una gran sonrisa, seguro de tener una buena voz –. En eso también les gano.

– ¡Querrás decir que sólo en eso nos ganas! – respondió Genzo –. Sabes que en el soccer no es así.

– Eso lo comprobaremos en el próximo encuentro – respondió el italiano, seguro de sí.

Los jóvenes se encontraban bromeando y riendo entre ellos cuando Lily llegó a su lado y le puso una mano en el hombro a Wakabayashi.

— Es hora de que Santa aparezca —comentó Lily, con mirada divertida.

Genzo se giró a mirar a la joven con bastante resignación, pues sabía bien que aunque a ella no le podía negar nada y haría lo que le estaba pidiendo, también sabía bien que los otros dos jugadores no le perdonarían el evento y se burlarían de él durante mucho tiempo después.

— Buena suerte, Santa —se burló Schneider –. Desde aquí te estaremos apoyando.

— Ten cuidado de que no te golpeen en el estómago para que no vayas a devolver el panettone junto con todo lo demás que te comiste —agregó Hernández, con sorna.

– ¡Ah! Y no te preocupes Wakabayashi, que grabaré todo el evento para enseñárselos tanto a Sho, a Levin y al resto del equipo como también enviárselo por mail a Kaltz como tu hiciste con otro cierto video – comentó Karl al último minuto, justo antes de que el japones se fuera.

Por respuesta, Genzo sólo alcanzó a fulminarlos con la mirada antes de comenzar a andar detrás de Lily y una vez que ambos desaparecieron de la vista de los futbolistas, éstos decidieron unirse a las jóvenes que se hallaban conversando muy cerca de ahí, acercándose lo más posible al árbol de navidad para no perder detalle del acontecimiento.

Algunos minutos después, Lily y Genzo se encontraban en un pequeño salón anexo a donde se realizaba la fiesta, el lugar se había convertido en una mini bodega que servía para guardar las cajas con los adornos navideños que habían sobrado de la decoración habiendo además varias cajas con trajes de diferentes tipos, siendo que algunas prendas, adornos y zapatos se encontraban esparcidos por el suelo, pues habían sido sacados de su lugar al buscar el atuendo de Santa. En ese instante, Wakabayashi batallaba colocándose el abrigo rojo tan característico del personaje que representaría, mientras Lily se entretenía buscando entre las cajas la barba blanca para después pasársela al portero y ayudarlo a terminar de arreglarse pues deseaba que la representación de Santa Claus fuera la más fiel posible.

— Bueno, creo que ya estás —comentó Lily, acomodándole la barba al portero.

— ¿Qué tal me veo? —preguntó Genzo.

Lily le miró con escrutinio durante algunos segundos antes de responder, siendo que le agradó lo que miraba, por lo que decidió ocuparse en recoger las cosas tiradas del suelo para no verle más.

— ¿Y bien? —volvió a preguntar Wakabayashi, al no obtener respuesta.

— Creo que pasas —respondió escuetamente la joven, sin dejar su actividad.

— He estado pensando —comenzó a decir Wakabayashi, mirando el vestuario que había tirado a su alrededor—. Creo que como recompensa por disfrazarme de este señor....

— No te hagas el tonto, que bien que sabes que se llama Santa Claus —le interrumpió Lily, dejando de recoger las prendas del suelo para mirarlo fijamente a la cara—. Si bien los japoneses no acostumbran a celebrar la Navidad, estoy segura de que sí conocen a un personaje tan popular.

— Bueno, sí, lo conocemos —aceptó Genzo, de inmediato—. Pero te decía que, a cambio de vestirme del señor Claus, ¿no crees que debería de tener una señora Claus? —agregó, mirándola con picardía.

— No —respondió Lily, tajante—. La señora Claus se quedó en el Polo Norte, en casa.

— ¿Y por qué tendría que ser así? —insistió Wakabayashi—. ¿No podría haberla invitado a acompañarme en mi viaje? —agregó, acercándose a Lily y acorralándola entre él y unas cajas.

— Pues yo no veo ninguna señora Claus por aquí —respondió Del Valle, escabulléndose de la cercanía del portero para seguir recogiendo los disfraces que estaban regados en el suelo.

— Pues yo creo que tú deberías de ser mi señora Claus —el japonés se atrevió finalmente a expresar su idea—. O si no, ¿qué tal una de mis duendecillos? — agregó el portero, tomando un disfraz de elfo que encontró a su lado.

— ¡Qué! ¡De ninguna manera! —exclamó Lily, muy ofuscada, mirándole con sorpresa—. Ni lo pienses.

— ¡Oh, vamos! —dijo Genzo, quien la miró divertido al ver lo sonrojada que la joven se hallaba—. ¿Qué fue lo que dijiste hace rato? ¿Qué lo hiciera por lo niños, no? —cuestionó a la joven mientras se acercaba a ella—. Entonces, ¿por qué tú no lo haces también por ellos? Además, siendo mi asistente me puedes susurrar qué decir para no equivocarme.

— No creo que sea tan difícil para ti recordar una simple frase como lo es "Jo-Jo-Jo" —respondió la joven, no queriendo ceder.

Lily se dijo que, por más que Wakabayashi insistiera, ella jamás cedería ante tremenda petición. No, ella se negaba rotundamente a usar un traje de elfo y menos a salir de este modo al centro del salón principal, en donde los demás, y sobre todo los Shanks, la verían.

*****

Mientras eso sucedía tras bambalinas, Karl y Gino quienes se habían reunido con los Shanks y con Gwen, se encontraban conversando tranquilamente con ellos sobre anécdotas diversas sobre su vida futbolística, siendo que Heffner estaba más que encantada de saber más sobre su ídolo.

— Bien, creo que es hora del show principal —comentó Leo, interrumpiendo la plática, luego de un rato de conversación.

Después, se levantó de su asiento y se dirigió al centro del salón, situándose junto al árbol de Navidad, y una vez ahí se dirigió a los presentes.

— ¡Muy bien chicos! ¿Quién quiere ver a Santa? —preguntó el francés a todos los presentes, a lo que todos los niños alzaron las manos y saltaron al tiempo en que coreaban un "¡Yo!" generalizado.

Fue entonces cuando Santa hizo su gran entrada con paso decidido y una gran sonrisa en el rostro, pues éste venía acompañado de una hermosa duende de largo cabello castaño y de vestimenta azul claro con blanco y medias ralladas en la misma tonalidad, la cual parecía estar entre abochornada y resignada al mismo tiempo.

— ¿Pero, qué carajos? —exclamó Elieth, intentando contener la risa.

— Seguro que fue idea de él y se entercó con que ella también se vistiera — comentó Karl a su lado, esbozando una enorme sonrisa —. Vaya que Santa es bastante convincente.

— Hay que admitir que es bastante perseverante —agregó Gino a su vez, con una sonrisa igual que la del alemán —Sí que supo cómo convencerla.

En el centro del salón, junto al árbol, Leo miraba divertido a Lily, quien evadía cualquier tipo de contacto visual con sus amigos, pero una vez que la joven estuvo a su lado, el francés no perdió la oportunidad de hacer un comentario.

— Lindo atuendo —comentó Leo—. No sabía que existían disfraces tan bonitos en esa caja.

— ¡Cierra tu boca o morirás aplastado por un árbol de navidad! —respondió Lily muy avergonzada.

— Pero es que tengo una duda —continuó Leo, sin hacer caso a la amenaza de su amiga—. ¿Cómo es que logró convencerte? Porque es seguro que eso fue idea suya.

— No hablaré al respecto —respondió Del Valle y, a partir de ese momento, se negó rotundamente a volver a hablar al respecto.

La presencia del Santa futbolista fue muy bien recibida por los asistentes, pero sobre todo por los más pequeños, quienes brincaban feliz al lado de Santa y de su linda asistente, haciendo sus peticiones para Navidad y recibiendo los regalos que Karl y Gwen habían envuelto durante la mañana; a medida que pasaba el tiempo, Genzo interpretaba a la perfección su papel sin olvidar su línea en ningún instante, situación que no pasó desapercibida por Lily, quien no perdió la oportunidad de reclamarle la situación.

— Así que, al final de cuentas no me necesitabas aquí —reclamó Lily, en una pausa en la que el niño de turno cambiaba para dejarle su lugar al siguiente.

— Por supuesto que te necesitaba —respondió Genzo, con su característica media sonrisa—. Me das el valor de estar aquí.

Lily por respuesta sólo sonrió, al tiempo en que le pasaba un nuevo regalo para el niño que en ese instante tenía Wakabayashi frente a él. Por su parte, Schneider fiel a su palabra no perdió la oportunidad de tomar la mayor cantidad de video de todo el evento y hacer tantos acercamientos como pudo al Santa Claus para después compartirlo con sus amigos.

Al final de la velada, la fiesta resultó ser todo un éxito y sería recordada por los presentes durante largo tiempo, pero como todo lo que inicia debe terminar, pasada la medianoche los primeros ciudadanos comenzaron a despedirse para retirarse a sus respectivos domicilios y después de ellos le siguieron los huéspedes de la posada siendo que ya entrada la madrugada sólo quedaban unas cuantas personas esparcidas por el lugar, por lo que los jóvenes se dispusieron a limpiar y recoger el desastre que había quedado.

Rato después, Genzo decidió salir al jardín a respirar un poco de aire, pues el traje le había ocasionado bastante calor, así que una vez que estuvo afuera comenzó a mirar a su alrededor, notando que en el corredor que se hallaba a su derecha, en un rincón apartado de todo curioso, se encontraba Gwen sentada sobre una manta con algunos cojines a su espalda y rodeada además de varias velas distribuidas uniformemente en su cercanía, improvisando de este modo una pequeña pero muy romántica y cálida velada; al instante apareció Leo, quien llevaba en las manos dos tazas con algún líquido humeante, pasándole una a la joven para después sentarse junto a ella, acomodándose en los cojines para posteriormente cubrirla con una frazada al tiempo en que la joven se acomodaba entre los brazos de él. La atmosfera que la pareja irradiaba era de dos enamorados que disfrutaba de su tiempo a solas.

— Por lo que veo, alguien tendrá una cita a la luz de las velas — comentó el portero en voz baja, con cierto tono de burla, decidiendo caminar un poco hacia su izquierda para no molestarlos.

Fue entonces cuando Wakabayashi vio algo, o mejor dicho a alguien que le llamó mucho más la atención, pues en el jardín se encontraba Lily recogiendo la basura que había quedado ahí, por lo que decidió acercarse a hacerle platica.

— Deja que te ayude un poco — comentó Genzo al llegar al lado de la joven y recogió algunas cosas para depositarlas en la bolsa de basura que estaba cerca.

— ¡Oh, muchas gracias! —exclamó Lily al ver al portero y le sonrió.

— Ha sido una gran fiesta —dijo Wakabayashi, intentando comenzar un tema de conversación con ella.

— Sí, todos se la han pasado genial —sonrió Del Valle—. Por cierto, gracias por ayudarnos con el disfraz —agregó, señalando el traje rojo que aún traía puesto el japonés—. Gracias por ser Santa hoy.

— No tienes nada qué agradecer —le sonrió el portero.

— ¡Por supuesto que sí! Nos has salvado hoy, no sabes cuánto nos ayudaste con esto, no teníamos un Santa y los niños se hubieran desilusionado mucho si no hubiera aparecido —comentó la joven con agradecimiento.

— En ese caso, yo también debo darte las gracias a ti por ayudarme —respondió Genzo, con su media sonrisa—. Te veías muy bien de elfo.

— Calla, por favor —comentó Lily, bastante avergonzada aún—. Pero lo cierto es que me la pasé muy bien, fue divertido estar a tu lado —agregó, sin dejar de sonreír.

— Yo también me la pasé muy bien a tu lado —comento Wakabayashi, con sinceridad—. Debo admitir que este lugar tiene algo especial —agregó, mirando a su alrededor.

— Quizás sea su gente —sugirió Del Valle—. Esta posada es como un segundo hogar para mí, siempre que vengo aquí puedo ver cómo los huéspedes se sienten a gusto y se la pasan tan bien, los Shanks se conectan con sus invitados no como un negocio, sino a un nivel más personal, los hacen sentir como si estuvieran en casa.

— Puedo decir que es cierto eso —respondió el portero japonés—. Es agradable estar aquí, te hacen sentir muy a gusto.

— Es por eso que no me gustaría que esto desapareciera —respondió la joven, con cierta tristeza en la voz.

— Ojalá y pudiera hacer algo al respecto —comentó Genzo, con sinceridad.

— Ya has hecho algo —le respondió Lily—. Has hecho que esta noche, que quizás sea la última fiesta de Navidad que organicen, haya sido perfecta

— No me des tantos méritos —respondió Wakabayashi, levantando los hombros para querer restarle importancia al asunto—. Ha sido el trabajo de todos.

— Ja-ja-ja, ¿quién eres tú y qué has hecho con el hombre ególatra que quería comprarme mi auto? —se burló Del Valle.

— Quizás se lo llevó Santa o, mejor aún, la linda elfo que le acompañaba esta noche —respondió el japonés, mirando a la joven con picardía y acercándose a ella lo más que pudo—. ¿Sabes? Bern no está tan lejos de Munich, fácilmente podría viajar entre las dos ciudades para verte, si es que así lo deseas.

— Debo confesar que no me desagrada esa idea —respondió Lily, quien lo vio de manera coqueta mientras le sonreía.

Genzo tomó esa mirada como una señal positiva, por lo que decidió no perder más tiempo y con la punta de los dedos acarició los labios de la joven, en un gesto atrevido que ella aceptó. Después, él movió su mano para llegar a la nuca de ella y sutilmente tomarla del cuello, para irla aproximando con lentitud; fue entonces cuando Lily cerró los ojos y el rostro de ambos se fue acercando hasta que sus labios estuvieron uno enfrente del otro y podían sentir sus alientos, y cuando no quedaba más camino que unos milímetros entre sí, Wakabayashi dio el último paso y la besó; primero comenzó despacio para ir aumentando conforme la pasión crecía, hasta terminar cuando ambos jóvenes se tuvieron que separar al quedarse sin aliento, reanudando otra sesión de besos una vez que se recuperaron.

– Por cierto, Feliz Navidad —sonrió Lily—. Ya pasa de la medianoche, así que técnicamente ya es Navidad.

— Feliz Navidad para ti también —sonrió Genzo, para volver a besarla después.

Una vez que terminaron con sus labores de limpieza y que estuvo recogido y ordenado todo en el salón, los jóvenes regresaron a la posada, llegando ya a altas horas de la madrugada por lo que una vez que estuvieron en el lobby de la misma, todos empezaron a despedirse, dispuestos a retirarse a sus respectivas habitaciones, siendo que uno a uno fue abandonando la estancia; los futbolistas, al igual que el resto, se disponían a retirarse cuando Elieth llamó a Karl.

— ¿Qué tan cansado estás? —preguntó Elieth.

— No mucho —respondió Karl, de inmediato y sin pensarlo—. ¿Por qué?

— Bueno, es que te debo un chocolate caliente y prometí dártelo ayer, pero ya no pude pagar mi deuda —comentó la joven.

— No te preocupes, ya habrá otro momento para ello —respondió Schneider, restándole importancia al asunto.

— Estaba pensando en si lo aceptarías en este momento —aventuró a decir Shanks—. Claro, si no tienes otra cosa que hacer.

— ¿Cómo qué? —respondió Karl—. ¿Oír roncar a Wakabayashi?

— Supongo que es algo que no quieres perderte —se burló la joven.

— Sí, claro —respondió Schneider, con sarcasmo.

— ¿Entonces, eso es un sí a mi oferta? —preguntó la rubia, divertida.

— ¡Claro, vamos! —respondió el alemán, yéndose con la francesa rumbo a la cocina.

Una vez que Elieth preparó dos tazas de chocolate caliente, a los cuales agregó unos cuantos bombones a cada una de ellas, le pidió a Karl que le siguiera, conduciéndolo escalera arriba hasta llegar al último piso de la posada en donde sólo se podían apreciar 4 puertas; la joven entonces abrió la primera puerta que se hallaba a su derecha e invitó a Karl a entrar.

La habitación era bastante espaciosa y era muy acogedora también, tenía una enorme chimenea en el fondo y frente a la puerta de entrada había un gran ventanal que daba paso a una terraza; se notaba claramente que la habitación le pertenecía a una mujer, pues la decoración tanto de los muebles como de los accesorios era en tonalidades lila y blanco, teniendo además algunas series de luces led colgando de los travesaños del techo y había un enorme espejo de cuerpo entero que cubría desde el piso hasta casi llegar al techo, además de un enorme tocador.

— ¿De quién es esta habitación? —preguntó Karl, con curiosidad, aunque ya sospechaba de quién podría ser.

— Es mi habitación —respondió Elieth—. La de Erika está a un lado, la de Leo está del otro lado de la de Eri, y la de mis papás es la del fondo, este piso es sólo nuestro, digamos que es nuestra zona privada.

— ¿Y qué se supone que hacemos aquí? —preguntó Schneider, levantando una ceja.

— No te hagas ilusiones —respondió Elieth, aventándole un cojín mientras continuaba hacia el ventanal—. Lo que quiero que veas está por acá.

Karl siguió a Elieth, atravesando la habitación para salir por el ventanal y llegar a una enorme terraza de madera que cubría el espacio de dos ventanales de ancho y la cual tenía varios muebles de madera como decoración bajo un pequeño techo que cubría las ventanas; su barandal, de madera también, se encontraba cubierto de nieve, pero el resto se encontraba limpio.

— No hagas mucho ruido, por favor —pidió la francesa, una vez que estuvieron en el exterior y señaló la otra ventana que había—. Ésa es la ventana de la habitación de Eri y ella ya debe de estar dormida.

— O quizás está ocupada con Hernández —se burló el alemán, por lo que la joven le dio un codazo en las costillas—. ¡Ouch!

— No te pases —comentó Shanks, con fingida molestia, pero notándose claramente divertida por la idea.

— Ok, ya no diré nada —rio Schneider, levantando las manos en son de paz para luego acercarse al barandal y admirar el paisaje que se desenvolvía a su alrededor—. Desde aquí se pueden apreciar muy bien las montañas y el bosque.

— Así es, es una hermosa vista la que se tiene desde este lugar —respondió Elieth, acercándose a donde se hallaba parado el alemán—. Además, me enteré de que en la madrugada de hoy habrá lluvia de estrellas, por lo que quise agradecerte todo tu apoyo invitándote a verlas.

— No sabía que eras amante de la astronomía —inquirió Karl.

— Mas bien, soy amante de la naturaleza y un espectáculo así es digno de admirarse —le respondió la joven.

— No puedo refutar nada ante eso.

La lluvia de estrellas pronto comenzó y ambos jóvenes se entretuvieron mirándolas mientras disfrutaban de su chocolate caliente, apostando en dónde podrían caer cada una de ellas y conversando también de temas diversos, manteniéndose muy entretenidos e interesados el uno con la otra; sin embargo, minutos después de terminarse su bebida, el frío de la noche comenzó a calarles por lo que Schneider en su interior se lamentó que ese momento tuviera que terminar tan pronto, pero por fortuna para él, algo llamó su atención: en un par de sillas, que se hallaban muy cerca de la ventana de Erika, había unas frazadas afelpadas, que quizás la castaña había dejado olvidadas durante el día; el alemán, sin dudarlo, se acercó a las sillas y tomó las frazadas, regresando de inmediato a donde la francesa se encontraba y una vez que estuvo ahí, extendió una de las frazadas para con ésta cubrir a Elieth, siendo que después utilizó la otra para abrigarse él de igual manera; de ese modo, la pareja continuó conversando alegremente, entre bromas, anécdotas y comentarios diversos, en el exterior por un largo más hasta que la lluvia finalmente cesó.

— Ha sido una velada inolvidable —comentó Karl, mirando las últimas estrellas caer del firmamento.

— Espero que esto te haga sentir mejor —respondió Elieth—. Y que puedas olvidar un poco tus problemas.

— Como dijiste en su momento, es algo que tengo que resolver tarde o temprano comentó Schneider, suspirando—. Pero, definitivamente, esto ha sido algo muy agradable y por supuesto que me ha hecho sentir mucho mejor.

Karl miró el rostro de Elieth, apenas iluminado por las lámparas que se encontraban en el ventanal, y al ver los carnosos labios de la joven, una sensación se apoderó de él, preguntándose si estaría propasándose si la besaba, aunque su mente decía que eso era lo que menos debería hacer, algo en su interior le respondió al instante que era algo que quería hacer en ese momento. Sin embargo, antes de que pudiera seguir pensando en ello, Elieth le miró fijamente y le sonrió, como dándole a entender que tenía vía libre para hacer lo que el tanto deseaba. Karl no lo pensó más y se acercó a ella, con lentitud y firmeza, hasta que sus labios tocaron los de la joven. Eli le echó los brazos al cuello, aunque al hacerlo su cobija cayó al suelo. Schneider, sin inmutarse, la envolvió con sus brazos y la atrajo hacia él, mientras el beso se prolongaba hasta hacerlos estremecerse. Consciente de que con un beso no sería suficiente, Karl continuó besando a la joven, hasta que el mundo se difuminó y sólo quedaron ellos parados bajo las estrellas.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen4U.Com