Capítulo 4.
El amanecer del nuevo día trajo consigo la confirmación de las malas noticias que los futbolistas tanto temían pues cuando éstos bajaron a desayunar se encontraron en el comedor con que algunos de los huéspedes comentaban con los anfitriones sobre las nuevas noticias que acaban de ser escuchadas tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación de la región. Al parecer, la orden se había dado en un boletín especial antes de que llegara el amanecer debido a la intensa cantidad de nieve que cayó durante la noche, haciendo que muchas de las carreteras, en especial las más cercanas a las montañas amanecieran con una densa capa de hielo siendo bastante riesgosas para transitar por lo que se tomó la decisión de cerrar toda vía de comunicación hasta nuevo aviso para evitar accidentes innecesarios.
— La nevada de anoche fue tan fuerte que terminó por cubrir toda la zona —comentó uno de los huéspedes, al mirar por la ventana, en donde se apreciaba cómo el gran manto blanco cubría toda la panorámica.
— Ahora sí podemos decir con plena seguridad que estamos prácticamente varados aquí —comentó Schneider, mirando a sus dos compañeros.
— ¿Y ahora qué haremos? —preguntó Hernández.
— Pues no nos quedará más remedio que esperar —dijo Wakabayashi—. Con la carretera cerrada ya no hay nada que podamos hacer.
— De todos modos no es que tuviera algo importante que hacer —apuntó a su vez Karl, encogiéndose de hombros y sentándose en el comedor—. El objetivo de mi viaje era estar en un lugar en donde no me molestaran y creo que aquí eso será posible.
— Pues yo tampoco tengo nada que hacer —agregó Genzo, sentándose al lado de Karl—. Si estoy aquí es por Schneider, de lo contrario estaría en mi casa leyendo los últimos tomos de SNK que aún tengo pendientes por leer.
— Pues yo sí tenía varias cosas pendientes por realizar—expresó Gino, algo apesadumbrado después de un largo suspiro—. Y aquí no hay buena señal de celular como para llamar a alguien y que venga por nosotros, sin mencionar que el internet está demasiado inestable por la tormenta.
— ¿Qué tanto es lo que tienes que hacer, Hernández? —cuestionó el japonés—. Siempre andas pegado a esa Tablet—agregó, señalando el dispositivo que el italiano traía en las manos.
—Bueno, es que no sé si lo sabes pero la cadena de hoteles De Angelis pertenece a mi abuelo y suelo aprovechar el tiempo libre que tengo así como mis vacaciones de la Serie A para recorrer la mayor cantidad de hoteles que pueda para verificar su estado, condiciones y calidad del servicio, así como saber sobre sus necesidades; de este modo le ayudo a mi abuelo lo más que puedo en la administración de los mismos —comentó el italiano, sentándose a lado de los otros dos futbolistas.
— ¿Y qué haces el resto del tiempo? —preguntó el alemán—. Digo, cuando estás de gira con tu equipo o en la concentración de tu selección, ¿qué pasa entonces?
— Mi abuelo se hace cargo la mayoría del tiempo —respondió Gino—. Pero él ya está grande como para andar solo por todos lados por lo que mi hermano lo ayuda, aunque como ahora ambos están de vacaciones en Siena, se suponía que yo me haría responsable de la supervisión de algunos hoteles antes de alcanzarlos a más tardar en vísperas de Navidad, pero todo se arruinó con las tormentas y ahora estoy más atrasado que nunca, de ahí que intento ponerme al día desde internet pero estos cortes que se están dando a causa de las nevadas no ayudan en lo más mínimo. Además, lo que es aún más importante es que le prometí a mi abuelo que me haría cargo de un proyecto especial que realizamos año con año y simplemente no puedo defraudarlo.
— Creo que te exiges demasiado —opinó Karl, tras escuchar al italiano.
— ¿Por qué lo dices? —preguntó Hernández, sin comprender.
— No tienes ni un momento de descanso y creo que te exiges demasiado —respondió Schneider, con mucha seriedad—. Entre el fútbol y tus negocios terminarás muerto de un infarto por tanto estrés.
— Ja, ja, ja, no es para tanto —comentó el italiano, restándole importancia a las palabras del alemán.
— ¿Ah, no? Pero si caíste rendido en cuanto salimos a carretera —se burló Wakabayashi, quien seguía atento la conversación.
— Eso no es verdad —se defendió Gino, automáticamente, aunque sabía que era cierto.
— Por supuesto que lo es —refutó Genzo de inmediato—. Paramos a comer antes de llegar a Berna y ni cuenta te diste.
— Simplemente no te pudimos despertar —concordó Karl—. Te ves agotado, deberías tomar estos días como un regalo navideño para que por fin descanses un poco.
Gino ya no les contestó pues en el fondo sabía que ellos tenían la razón, pero para él no era tan fácil ni aceptarlo ni mucho menos hacerlo.
"Simplemente no puedo dejar de hacerlo, es una promesa que hice y debo cumplirla" pensó Gino.
Luego del desayuno, Gino se excusó con sus compañeros alegando que tenía que intentar hablar con su hermano para explicarle la situación en la que se encontraba y de este modo su abuelo no estuviera preocupado por su repentina desaparición, por lo que se separó de ellos por un rato, mientras que Genzo y Karl decidieron salir a dar un paseo en los alrededores pues no tenían muchas ganas de convivir con los otros huéspedes que se hallaban en el interior de la casa, quienes por cierto comenzaban a mirarlos de un modo algo extraño, quizás debido a que ya los habían reconocido como jugadores profesionales o quizás porque en verdad era que contrastaban mucho con las personas que solían ir a descansar a ese lugar. Luego de algunos minutos, los jugadores del Bayern se encontraban conversando tranquilamente sentados sobre la pequeña barda que tenía el pórtico en uno de sus extremos laterales cuando Karl recibió el impacto de una bola de nieve que fue a darle directamente en la cabeza, generando una estruendosa carcajada por parte del portero nipón.
— ¡Pero qué carajos! —exclamó Schneider bastante molesto, buscando a su alrededor a la persona responsable de aventar la nieve y hallando a Elieth riendo estruendosamente muy cerca de ellos—. ¿Fuiste tú? —le preguntó el alemán acercándose a la joven.
— ¿Y qué si lo fui? —respondió ella, con tono retador pero también con una sonrisa divertida.
Karl, por respuesta, tomó un puñado de nieve e hizo una bola con ella para luego aventársela a la francesa dándole justo en la cabeza para luego sonreír victorioso.
— Por lo menos tienes buen tino —rio ella, mientras se limpiaba la nieve del cabello.
— Soy el goleador estrella de mi equipo, por supuesto que sé atinar mis tiros —comentó Karl, con cierto orgullo.
— Entonces será mejor no iniciar una pelea de nieve porque de seguro perderé —dijo Elieth—. ¿Qué les parece si en lugar de eso mejor vamos a patinar, alguno de ustedes sabe hacerlo?
— Yo sí sé, pero hace mucho tiempo que no me pongo unos patines —respondió Karl de inmediato.
— ¡Perfecto, entonces vamos! —comentó la joven, sonriendo satisfecha por el comentario del alemán sin percatarse de que Genzo sólo los había mirado sin decir palabra alguna.
Cuando ambos jóvenes estaban poniéndose de acuerdo para ir a patinar, aparecieron en el pórtico Gino, Leo, Erika, Lily y Gwen, los cuales se les unieron en el exterior y preguntaron qué sucedía.
— Quiero ir a patinar —expuso Elieth a los recién llegados—. Y andaba buscando quien más quiere ir conmigo.
— ¡Es una excelente idea! —exclamó Leo—. Yo me apunto. ¿Vamos, amor?
— Por supuesto —sonrió Gwen, encantada con la idea.
— Yo también voy —dijo a su vez Lily, generando una gran sonrisa en Genzo al escucharla.
— Vayan ustedes, yo me quedaré aquí —se excusó Gino.
— Anda vamos, será divertido —le pidió Erika, lanzándole una sutil mirada a lo que Gino no le pudo decir que no.
— Está bien, vamos —expresó finalmente el italiano, dejándose convencer por esos hermosos ojos verdes.
— ¿Y se puede saber a dónde iremos a patinar?—inquirió Genzo, al no ver ninguna pista de hielo cerca—. No veo ningún lago por aquí.
– ¡Ya lo verás! —indicó Leo, bastante emocionado por los planes—. Voy a buscar los patines, alguno de ustedes acompáñeme para que me digan qué número usarán.
Así pues, luego de ir por el equipo que necesitaban y de que las chicas colocaran en un pequeño cesto algunos aperitivos y bebidas calientes, los jóvenes comenzaron a andar por el bosque que se hallaba en la parte posterior de la posada hasta que llegaron a un pequeño claro, ubicado a unos cuantos kilómetros de distancia, en donde se extendía un pequeño lago en medio de la arboleda.
— Éste es un lugar que prácticamente nadie conoce por lo que es todo nuestro —sonrió Leo al mostrarles el sitio a los futbolistas.
— Es un lugar hermoso —comentó Karl, admirando el paisaje.
— ¡Sí que lo es! —le dijo Elieth, con mucho orgullo — Es de las bellezas ocultas que existen por aquí, en verano es un lugar ideal para nadar, hacer fogatas y camping.
— Este lugar tiene mucho potencial —comentó Gino, bastante sorprendido de las bellezas naturales.
— Por eso hay que protegerlo de gente indeseable, no podemos permitir que lo destruyan. —gruño Elieth, ocasionando cierto desconcierto en los futbolistas.
Las chicas pronto se pusieron los patines y saltaron al hielo en donde mostraron que estaban más que acostumbradas a patinar pues se desenvolvían suficientemente bien en la pista, de una manera tan natural, grácil y elegante que los chicos quedaron admirados con la belleza de sus movimientos o quizás de ellas; luego Leo hizo lo propio demostrando que también sabía usar los patines; sin embargo, cuando Genzo puso un pie en el hielo pareció que Bambi había hecho acto de presencia siendo que todos los presentes soltaron la carcajada al verlo. Lily entonces se acercó al portero para ayudarle justo cuando estaba por caer.
— Qué curioso que no haya pagado un instructor para que le diera clases de patinaje, con todo el dinero que tiene de seguro hasta pista propia ha de tener —comentó Lily, con sorna.
— Las clases de patinaje no es algo que necesite a diferencia de la camioneta —le respondió Genzo, aferrándose a los hombros de la joven—. Aunque a estas alturas ya ni eso necesito —agregó, cuando estaba por caer de nuevo, siendo sostenido por Lily.
— Justo estaba por decirle eso, que ya para qué quiere una camioneta si las carreteras se encuentran cerradas —dijo Lily, riendo al ver como él intentaba evitar que su trasero besara la pista de hielo, para lo cual se aferraba con fuerza a ella—. Ok, déjeme darle entonces una clase que le saldrá completamente gratis.
Lily le dio a Genzo una breve explicación sobre cómo debía sostenerse sobre los patines, ayudándole a erguir su cuerpo para que sus pies no se desviaran, tomándolo luego de la mano para comenzar a andar lentamente con él por la pista. Gino, por su parte, no era experto en patinar pero se notaba que por lo menos tenía un poco más de experiencia con los patines de hielo de lo que Genzo tenía, por lo que por lo menos hacía movimientos un poco más fluidos pero sin llegar al grado de Schneider, quien al parecer sí sabía patinar bien pues hasta se atrevió a dar una que otra pirueta en el aire.
— ¡Wow! —exclamó Elieth, realmente sorprendida al verlo—. Lo haces bastante bien, de hecho diría que eso fue excelente, ¿me enseñarías a hacerlo?
— Otro talento oculto del gran Káiser de Alemania —se burló Wakabayashi.
— Solía patinar con mis hermanas cuando éramos pequeños y vivíamos en Hamburgo; mi hermana mayor, Eva, es mucho mejor patinadora que yo y fue ella quien me enseñó a hacer estas piruetas —respondió tranquilamente Karl—. Hacía mucho tiempo que no patinaba, es bueno saber que aún puedo hacerlo bien y no parezco Bambi, como Wakabayashi —sonrió.
— Muy gracioso, Schneider —gruñó Genzo, ante las risas de los demás.
Después de un rato de intentar hacer movimientos más o menos decentes con los patines, Wakabayashi, cansado de esto, se le ocurrió una actividad mucho más divertida por lo menos para ellos.
— ¿Qué les parece si tenemos un pequeño partido? —sugirió Genzo, quien pensó que estando en una portería improvisada sería mejor que estar haciendo el ridículo en la pista.
— Interesante, ¿qué es lo que propones? —cuestionó Schneider.
— Como todo está cubierto de nieve o congelado, no podremos jugar un partido "normal" como estamos acostumbrados —explicó Wakabayashi— ¿Pero qué tal un encuentro de hockey?
— Me gusta la idea —señaló Gino, acercándose a donde se hallaban los otros dos futbolistas— ¿Quién más quiere jugar para hacer los equipos?
— Yo me apunto —comentó Leo.
— Y yo — dijo a su vez Elieth.
— En ese caso, yo también quiero jugar —comentó Gwen, sonriendo emocionada—. Cómo perderme un partido como éste.
— Ok, entonces en un equipo estarán Wakabayashi, Schneider y Elieth —señaló Hernández—. Y en el otro equipo jugarán Leo y Gwen, conmigo en la portería, ¿qué les parece?
— Perfecto —respondieron los aludidos.
— Yo les echaré porras desde aquí —comentó a su vez Erika, sentándose en unos troncos que se hallaban en los linderos del lago y sacando un termo de la cesta para servir dos tazas de bebidas—. Aunque ya no sé a cuál de los dos equipos es el que hay que apoyar.
— Seamos como nuestro vecino, "neutrales" —rio Lily, sentándose a su lado para ver el partido, recibiendo una de las tazas que Erika había servido.
Con un poco de improvisación por parte de todos, pronto armaron las porterías, consiguiendo los palos y algo que les sirvió de disco; una vez que estuvieron listos se dio el saque. El partido se desarrolló en un inicio con total normalidad, logrando que ambos equipos se lucieran tanto al obtener el disco como en los dribleos para llegar a la portería, pero pronto el encuentro se convirtió en algo más reñido entre los hombres por lo que las chicas prefirieron no entrometerse más, decidiendo salir del partido y yéndose a sentar con las jóvenes que observaban el encuentro para dejar que ellos se pelearan a gusto.
— Se ve que eres bueno en los deportes —comentó Karl, forcejeando con Leo por la posesión del disco.
— Ventajas de vivir en esta zona —le sonrió Shanks, al tiempo en que lo encaraba —Tenemos tiempo para aprender los deportes invernales.
Genzo atajó un par de tiros que Leo lanzó, demostrando el portero habilidad a pesar de sentirse aún muy inestable sobre el hielo, mientras que Gino tuvo suerte de que Schneider no supiera hacer su Fire Shot con el improvisado disco por lo que no le resultó muy difícil detener algunos de sus tiros. Después de un rato el marcador se encontraba empatado a dos tantos por lo que decidieron hacer una pausa para descansar, acercándose a donde se hallaban las chicas para tomar un poco de los alimentos que habían llevado.
— Bueno, me tengo que ir, aún tengo algunos pendientes que terminar y no se resolverán solos —comentó en ese instante Elieth, levantándose de su asiento y despidiéndose de todos.
— Espera un poco y nos vamos juntas —comentó Lily—. Yo creo que nosotras ya no tardamos mucho en irnos también —agregó, refiriéndose a Erika, Gwen y ella.
— No, me voy ya que sí tengo algo de prisa, mejor me alcanzan allá en cuanto terminen —respondió la menor de los hermanos Shanks, para luego retirarse del lugar.
Al ver que sus anfitriones ya tendrían que retirarse a realizar sus deberes, los chicos decidieron dar por terminado el encuentro.
— ¿Consideraremos esto como un empate? —preguntó Gino, una vez que estuvieron todos reunidos.
— Por el momento creo que sí —respondió Leo, tomando la taza de chocolate caliente que le sirvió su hermana—. Cuando tengamos tiempo y traigamos el equipo necesario podremos reanudar el partido y ver quien gana.
— No, mejor no, así dejémoslo —comentó Schneider con cierta seriedad—. Si con un balón de cuero Wakabayashi se lesiona tanto, imagínate que pasará con un disco de caucho —agregó haciendo que todos rieran ante el comentario.
— Pues Hernández también sufre del mismo problema —se defendió Genzo.
— Creo que será mejor dejarlo así —respondió el aludido, encogiéndose de hombros y entreteniéndose al platicar con Erika.
Genzo, al ver que Lily que se encontraba muy cerca recogiendo las cosas y guardándolas en la cesta, decidió aprovechar el momento para acercarse a ella con la intención de hacer las paces.
— ¡Hola! —comentó el portero al llegar a su lado—. Sólo quería agradecerte por la ayuda que me diste en la pista —agregó, con un tono sincero pero seguro de sí y señalando el lago congelado.
— No hay nada que agradecer —le respondió Lily, sin mirarle y continuando con su trabajo—. Como dije, tómala como una clase de regalo.
— Es en serio —Wakabayashi la tomó por un hombro para que ella se detuviera y lo mirara un instante —Gracias por todo, además, quisiera disculparme contigo por ser tan idiota el otro día, sé que no fue la mejor manera de pedirte el favor.
— Al menos sabes que metiste la pata —sonrió la joven—. Es decir, que te equivocaste.
— Sé que fui un completo idiota, por eso quisiera que aceptes mis disculpas y comencemos de nuevo —confesó el portero nipón—. ¿Qué te parece?
— Está bien, disculpa aceptada —sonrió la joven.
— Sólo tengo una duda —preguntó Lily, con bastante curiosidad—. ¿Por qué tienes tanta prisa de irte de aquí?
— Es sólo que tengo algunas cosas por hacer en la ciudad —respondió Genzo, ya sin creerse del todo sus palabras.
"Aunque creo que hay cosas mucho más interesantes por aquí", pensó Wakabayashi.
Schneider, al ver que tanto Leo como Gino y Genzo se habían enfrascado en conversaciones que parecían más del tipo de pláticas de pareja que lo que sería una reunión grupal, pensó que lo mejor sería no estar importunando más por lo que decidió regresar solo a su habitación sin molestarles, tomando algunas de las cosas para luego comenzar a andar por el mismo sendero que les había llevado hasta ahí desde la posada, esperando no perderse en el trayecto. Para fortuna del alemán, él pudo regresar sin ningún contratiempo a los terrenos que eran propiedad de la posada; sin embargo, una vez que estuvo ahí se encontró que muy cerca de la casa principal se hallaba Elieth discutiendo efusivamente con un joven, que tenía la apariencia de ser un hombre de negocios pues a pesar de la densa capa de nieve que cubría todo el lugar, él iba vestido sólo con un traje sastre y un elegante abrigo largo, situación que le dio mucha curiosidad al delantero por lo que sin pensarlo mucho se decidió a acercarse más para ver qué era lo que sucedía.
— Piénsalo bien, Elieth —decía el hombre— Esto es algo que les conviene a todos.
Y sin saber bien por qué, Karl experimentó cierta molestia al ver cómo el hombre en cuestión le hablaba con bastante familiaridad a la joven, siendo que ella se veía bastante molesta.
— A ver Collins, te lo diré por enésima ocasión y espero que esta vez lo comprendas de una buena vez —comentó Elieth en ese instante—. Lo preguntes las veces que lo preguntes, la respuesta siempre será un rotundo NO, eso jamás sucederá así que ya de una vez entiéndelo y deja de molestar.
— No lo haré —respondió el hombre, con una sonrisa cínica— Sabes que de ser necesario vendré todos los días hasta que la respuesta cambie, no me daré por vencido, al final sé que seré yo quien obtenga lo que deseo.
Karl pensó que Elieth estaba siendo acosada por ese hombre por lo que sin pensarlo saltó en su defensa.
— ¿Qué sucede? ¿Te está molestando? —comentó Schneider, acercándose rápidamente a Elieth y mirando desafiante al otro, al tiempo en que interrumpía a propósito la conversación.
— ¡Oh! —exclamó Shanks, saltando por la sorpresa de escuchar al alemán pues no esperaba encontrarse a nadie en los alrededores—. No te preocupes, el señor Collins ya se iba —respondió la joven, mirando enojada al hombre.
Durante algunos instantes, Collins miró fijamente al recién llegado de manera inescrutable para luego decidirse finalmente a marcharse, comprendiendo que por el momento ya no tenía nada más que hacer ahí.
— Está bien, ya me voy —comentó con acidez— Pero piénsalo, Elieth, esto es algo que les conviene y no puedes dejarlo pasar.
— ¡Ya vete de una buena vez! —bufó muy molesta la joven.
Una vez que Elieth se aseguró de que Collins finalmente había dejado la propiedad y que por el momento ya se había librado de él, suspiró apesadumbrada para luego recordar que junto a ella aún se encontraba el delantero muniqués.
— Muchas gracias por esto —le dijo la joven a Karl, con sinceridad.
— ¿Quién es él? —preguntó él, con bastante curiosidad.
— Sólo un tipo que no sabe aceptar un "no" por respuesta —respondió Elieth con evidente molestia y tratando de olvidar el asunto.
— ¿Cómo que no acepta un "no", te está acosando? —cuestionó Karl, insistiendo en saber—. ¿Qué es lo que sucede?
— Mira, en verdad que te agradezco mucho la ayuda que me diste, pero esto es algo que no es de tu incumbencia —comentó Shanks seria y mirando fijamente a Schneider—. Y si me disculpas tengo muchos pendientes aún que debo terminar—agregó, para luego comenzar a andar sin detenerse a mirar hacia atrás.
"Creo que esto fue demasiado raro", pensó Karl, mirando cómo la joven desaparecía en el interior de la casa.
*****
Varias horas después, cuando la noche finalmente había caído y la cena había pasado, los futbolistas ya se encontraban en su habitación; Gino para variar batallaba con su Tablet, mientras que Genzo y Karl se hallaban conversando de cosas futbolísticas y temas diversos sólo para pasar el rato.
— Por cierto que hace rato nada más te desapareciste y nos dejaste con todas las cosas tiradas —le reclamó Wakabayashi a Schneider, cambiando nuevamente de tema de conversación.
— Eso no es verdad —se defendió Karl — Sí me lleve algunas cosas.
— Pero es cierto que sí te fuiste sin despedirte —se burló Genzo— En cuanto nos dimos la vuelta ya no estabas.
— Ustedes estaban demasiado ocupados en sus asuntos personales como para darse cuenta de que ya me iba —contraatacó el alemán.
— Bueno, en eso sí tengo que darte la razón —sonrió el japonés, recordando el largo rato que se entretuvo platicando con Lily—. ¿Pero qué tanto tenías que hacer que te regresaste antes que los demás?
— En realidad nada en particular, sólo no quise quedarme a hacer mal tercio —comentó Karl, restándole importancia al asunto pero recordando algo más—. Aunque después sí hubo algo que me llamó mucho la atención.
— ¿En serio, qué fue? —cuestionó Genzo bastante curioso.
— Cuando iba llegando a la posada, me encontré con que Elieth discutía con un hombre de apellido Collins.
— ¿Y eso qué tiene de curioso o raro? —preguntó Wakabayashi, sin comprender.
— No es que sea curioso sino que me llamó la atención pues era un tipo con apariencia de hombre de negocios el cual contrastaba mucho con el lugar —respondió Schneider.
— Ajá, así como nosotros tres —se burló Wakabayashi—. Pudo haber sido cualquier persona, quizás un turista más que hizo algo incorrecto.
— Podría ser —admitió el alemán—. Pero siento que ese apellido, Collins, ya lo he escuchado antes —insistió.
Ante la mención de ese apellido, a Gino se le disparó una alarma en el cerebro y recordó cierta broma que Leo había hecho cuando ellos llegaron por lo que se interesó en averiguar un poco más sobre lo que había sucedido, dejando de lado la Tablet que traía en manos.
— Schneider, dime, ¿cómo era físicamente ese tal Collins? —cuestionó Hernández.
— No lo recuerdo bien, era alto, cabello obscuro, bastante presumido —respondió Karl, con evidente molestia.
— Al parecer no te agradó para nada —se burló Genzo—. ¿Cuál será la verdadera razón oculta de eso?
— No hay ninguna razón oculta —bufó Schneider—. Y no es que no me agradara, bueno sí, no me cayó nada bien pero es porque se me hizo muy engreído y prepotente.
— ¿Qué piensas, Hernández? —preguntó Genzo, al mirar que el italiano estaba muy serio.
— Creo que esa persona que describes no es otro que Bill Collins —respondió Gino, meditando el asunto.
— ¿Quién? —cuestionó Schneider, sin comprender de que hablaba Hernández.
— Bill Collins es el hijo mayor del dueño de la cadena de hoteles Collins. Además, según tengo entendido, es parte del consejo general del corporativo—explicó Hernández.
— Se me hace bastante extraño que alguien como ese Collins ande por estos lugares —comentó Karl—. ¿Qué será lo que lo ha traído por acá?
— Collins suele andar mucho por los pequeños pueblos y ciudades —comentó Gino, con evidente desagrado—. Su empresa se aprovecha sin contemplación ni escrúpulos de los pequeños hoteles y lugares turísticos, suele comprarles las propiedades, a precios realmente ridículos, a aquellos dueños que tengan problemas financieros para después hacer grandes emporios en esos sitios, dejando en el proceso sin trabajo a muchas personas.
— ¿Será que los Shanks tengan problemas financieros? —preguntó de pronto Genzo, como si hubiera hilado los comentarios y sacado una conclusión que hasta el momento no habían pensado.
Por respuesta, tanto Karl como Gino le miraron con cierta sorpresa, cayendo en cuenta de lo mismo.
— Eso tendría sentido y explicaría por qué alguien como Collins se atrevió a venir hasta acá a pesar de las tormentas —comentó Gino, bastante molesto— Les podría apostar que seguramente quiere comprarles la propiedad a un precio ridículo, el lugar se encuentra en una excelente ubicación para construir un Spa/Resort que funcionaría muy bien tanto en invierno como en verano.
— Ésa sí que sería una verdadera lástima —comentó Wakabayashi— Es un lugar muy bueno para vacacionar.
— Pues sí, pero ni siquiera sabemos si es cierto o no lo que pensamos —expresó a su vez Gino—. Quizás sólo son suposiciones erróneas.
— Entonces, deberíamos tratar de averiguarlo —sentenció Genzo.
"Creo que no sería mala idea que después de todo le vuelva a preguntar a Elieth qué es lo que en realidad sucede", pensó Schneider.
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