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Capítulo II


La luna se encontraba en su punto más alto, indicando que la noche ya estaba en su apogeo, su resplandeciente aura se colaba por cada ventana de aquel frio y solitario departamento, mientras que en aquella sala, estaba un Ismael un tanto desorbitado; éste aún con su café, ya frío entre sus manos se encontraba mirando el oscuro líquido meditando una y otra vez la información sosegadamente recibida.

El pelinegro tenía en su pecho un fuerte e inestable núcleo de emociones que solo le hacía dar tumbos y más tumbos a su cabeza.

-Después de tanto tiempo....¿por qué?, ¿por qué cuando ya me sentía tranquilo.....-

...me buscas de nuevo?- Y una.

-.....me necesitas?-Y otra.

-.....me......quieres ahora?- Y otra más.

Miles de dudas y suposiciones se hacían presentes en su mente, el no saber que intención podría tener Raúl tras dicho acontecimiento le quitaba tranquilidad a una más de sus tantas noches de sosiego. Apagó aquel cigarrillo mientras seguía intentando calmarse y acallar ese pensamiento, al menos por esa noche.

Se dirigió a su cuarto, y lo que encontró fue a aquella hermosa bola de pelos color azabache retozando sobre el terciopelo de su mullido colchón. Auron yacía dormido en aquella cama, le pareció una escena tan angelical que optó por moverle con cuidado y acomodarse a su lado acariciando su pequeña cabeza hasta el punto de quedarse profundamente dormido.

[°°°]

"-Isma.....-" En un espacio vacío, escuchaba como susurraban su nombre.

Ismael no entendía que sucedía, escuchaba que alguien le llamaba pero no veía a nadie, solo oscuridad. Se sentía confundido. pero por alguna razón aquella voz se le hacía muy familiar.

"-Isma....no te vayas...-". Seguía oyendo aquella voz aún sin ver nada a su alrededor.

Hasta que...

"-Raúl..?-" Vislumbró el menor mientras distinguía una lúcida figura a lo lejos.

Intento acercarse con cuidado, lo suficiente como para poder observarle y efectivamente se trataba del mismo, Raúl Álvarez. El mencionado estaba sollozando, arrodillado con la mirada gacha.

"-Raúl...que pasa?..Es-Estas bien.....?-"-Preguntando con desconfianza y sosiego.

"-Por qué....?, por qué me....dejaste?-."- Preguntaba Raúl en un suave sollozo casi inaudible.

"-Q-qué.....?...Yo no...-."- Ismael estaba desconcertado. Eso no podía ser posible, él...dejarle...?, se sentía perplejo, una opresión en su pecho se hacía presente a la par que con cada palabra le hacía quebrarse.

. "-Yo.. yo no... Raúl...-."- Decía Ismael entrecortadamente mientras se acercaba e intentaba tocarle pero al momento de incorporarse simplemente se desvaneció, dejándole ahí...solo con aquel lamento en esa oscuridad, un vacía y lúgubre oscuridad.

[°°°]

Ismael despertó de golpe mientras se levantaba con rapidez de aquel sueño extraño. Estaba pasmado, antes había tenido sueños con el castaño, pero este llegaba a un punto en donde hasta él mismo se echaba la culpa de la situación que estaba viviendo. Para él era normal que cada una de sus noches, durante meses se hiciera presente el rostro de Raúl dejándole vivir con felicidad a su lado; esta vez era distinto, era la primera vez que veía al mayor en una actitud tan derruida, aún en sus sueños, no dejaba de asombrarle.

Soñaba con un mundo perfecto, en donde solo estaban ellos dos, nada ni nadie se interponía y se sentía completo y vivo, pero al despertar, se rompía de nuevo al ver que el otro lado de su cama, estaba completamente vacío, tal como la noche anterior.

-A-ah....que fue eso?- Se preguntaba el joven ojiverde mientras intentaba regular su respiración.

Cada vez más atribuía la culpa a sí mismo de haber zanjado las cosas de ese modo, de haberse ido así y haber dejado sin mirar atrás todo lo que más quería, se culpaba por sus sentimientos, y su corazón le estaba pasando factura. Sin ganas, se levantó de su cama, se metió a la ducha y pensó en relajarse, el agua caliente le quitaría aquella pesadez que sentía en su pecho, ahogando y llevándose aquella ansiedad.

Salió del baño, y se dirigió a la cocina, iba a desayunar, no sin antes darle de comer a su gato.

[°°°]

En camino a su oficina, iba pensando aún en Raúl lo cuál ya era preocupante, darle demasiadas vueltas al tema ya lo estaba agobiando bastante, así que prefirió restarle importancia a cualquier cosa que pudiese ocurrir.

Una notificación había llegado a su móvil, pasando desapercibida...

El día para Ismael transcurrió normal, ya era medio día y se encontraba en su oficina firmando unos papeles, y preparando los informes que le entregaría a su jefe. En eso alguien tocó a su puerta.

-Adelante..-Dijo el ojiverde mientras posaba su vista en la entrada de su oficina.

-Hey Isma....ya tienes el informe del despacho administrativo?- Preguntaba una joven asomando su cabeza por la puerta.

-Si Miare, dame un momento y termino de firmar estos papeles....pasa- Volvía su vista al escritorio.

Miare era una jovencita que trabajaba como secretaria de uno de los despachos de sus colegas, era una joven rubia, de rizos ondulados bajita y muy amable. La chica esperaba al frente del escritorio mientras veía a Ismael buscar entre sus documentos los solicitados.

-Oye, puedo preguntar...te pasa algo?- Dijo Miare acercándose al escritorio, posando su vista en el contrario. Percibía en su rostro su ensimismamiento y desgano.

-Por...?- Dijo Isma, acomodando sus lentes.

-Siento como si te pasara algo, anda dime...-Insistía la chica mientras se sentaba en la silla del escritorio.

Ismael y ella se hicieron amigos tiempo después de que él pelinegro hubiese empezado a trabajar en aquella empresa, dicha relación se había hecho estrecha, por lo cuál había cierta confianza entre ellos, ya que él era uno de sus Jefes, era la única con la que tenía un trato especial.

-La verdad he pasado unas noches de mierda.....- Respondió con fastidio el pelinegro.

-No has podido dormir...?-

-Últimamente no, ayer pude...pero usualmente permanezco dando vueltas en la cama...es un fastidio.- Chasqueaba su lengua.

-Joder, no me imagino....pero dime, en que piensas?....-Intervenía Miare un tanto preocupada.

-En nada, descuida....son cosas sin importancia.-Ismael trataba de sonar lo más convincente posible. Miare no respondió, se le quedó mirando por unos segundos hasta que soltó otra pregunta.

-Eh! Acaso, es sobre alguien más, ah picarón?.-Miare bromeaba al pelinegro.

-No tengo tiempo para pensar en esas cosas..-Se justifico.

-......acaso tiene que ver con Raúl?- Ismael no contesto, solo se limitó a verle a los ojos con desdén, era increíble como aquella jovencita sabía que ocurría en su cabeza, Miare había dado en el clavo.

-Sabía que algo te ocurría.....venga que pasa?-

Tiempo después de conocerse, la relación entre ellos había crecido más, en esos tiempos Ismael le contó a Miare porque había llegado a Madrid y la razón de aquel viaje, ella conocía la historia entre el castaño y el pelinegro, pero no pensaba que aún le afectase tanto al mayor. Llevaban de amistad un largo tiempo, el suficiente para que ella supiese identificar que ocurría con Isma, con respecto a sus cambios de humor, desde que lo conoció sabía que era serio y tranquilo, pero también alegre y un poco prepotente y era extraño verle con un semblante tan difuminado tan temprano en el día o eso pensaba.

En lo que Ismael terminaba los últimos detalles del informe, le comentó lo ocurrido la noche anterior.

-Que carajos..? y tu que piensas respecto a eso..?- Dijo Miare un tanto atónita.- Crees que...ya sabes....quiera arreglar las cosas entre ustedes?.-

-No lo sé pero no me interesa, la verdad tengo muchas cosas en que pensar como para que mi pasado me afecte otra vez.- Respondía a secas.

Por su parte Ismael sabía que era todo lo contrario, el interés por hablar con Raúl era creciente con medida del pasar del tiempo, pero en otra situación, se sentía triste de nueva cuenta, de pensar que la razón por la cuál el mayor le buscase, no sería la misma que él siempre ha esperado.

-Te entiendo pero deberías de calmarte, debes esperar a ver que ocurre...no te adelantes.....- Decía mientras fijaba la vista en su reloj.-Anda! Ya es hora de almorzar...vamos, debo entregarle a mi jefe el informe después de que vuelva a su oficina.- Sugería la rubia mientras caminaba hacía la puerta seguida por Ismael. Ambos salieron de su despacho, y se dirigieron a la cafetería de la oficina, habían quedado de almorzar juntos puesto que aún debían de tabular información del informe de Miare.

Se sentaron en la mesa a comer, pero Miare por un leve segundo desvió la mirada hacía el plato de Ismael, el otro solo le miraba un poco extrañado.

-No se como puedes mezclar tanta comida...os va a dar un cagadón que te abrirá el culo como no tienes idea!.- Replicaba Miare jocosa mientras veía el "estofado" de Ismael.

-Hija de puta, es mi problema, igual todo llega al mismo lado...revuelto jajaja!.- El ojiverde sonaba un poco más divertido que antes.- Que puto asco tío..!- Relegaba la mas baja de los dos con un cierto disgusto entre carcajadas.

Durante el almuerzo, Ismael platicó con Miare sobre trivialidades, y temas de importancia del trabajo. Según ella, su Jefe del departamento Administrativo, renunciaría pronto, así que el puesto estaría libre.

-Genial, más trabajo para mí mientras consiguen un reemplazo...-Se quejaba Ismael mientras comía un bocado.

-Al menos tendré un descanso, ya no soportaba a ese viejo asqueroso..-En su voz se oía cierta molestia, y no era para menos.

Miare platicó acerca de su actual jefe, era de esos típicos hombres que solo veían a la mujer como un simple objeto de entretención carnal, y a pesar de ser su jefe, ella no era la excepción. Incluso hubo momentos en que, intento pasarse con ella, Ismael solo le veía asombrado.

-¿y por qué no me dijiste nada nunca...?- Ismael sonaba molesto.- Yo le hubiera partido la cara.-

-Amigo necesito comer, además me había amenazado con despedirme si le acusaba.- La rubia dijo con un aire de frustración, pero al menos ya se sentiría tranquila.

-Aún así, de igual forma, pudiste haberme comentado.- Sabía que eso era acoso, y podía ser un crimen, pero en otra medida, le daba la razón, el tipo controlaba al personal de toda la empresa y si lo deseaba podría sacarles si le venía en gana. -Cómo sea...si necesitas algo más, avísame a la próxima.- Ponía su mano sobre su hombro.

-Bien, hay mucho trabajo, continuemos después.- El pelinegro se levantó de la mesa.

-Vale.- Miare le siguió.

Caminando de vuelta a su despacho, se dispuso a mirar su teléfono, viendo en la pantalla un mensaje desconocido. No se había percatado de aquella notificación, por todo el estrés que acumulaba en su cabeza. Veía el emisor de aquel mensaje mientras entraba en la aplicación.

No era gran cosa, solamente emitía un "Hola.." , y su contacto no dejaba mucho que decir, el remitente parecía no tener foto alguna, Ismael solo se limitó a responder y seguir la conversación.

El mensaje fue leído al instante, cosa que sorprendió a Ismael. Por su parte aquel contacto le platicó como si se tratara de una persona ya conocida, lo cuál le extraño un poco. Infirió sobre el hecho de no suponer quién era. Ismael palideció al ver de quién se trataba, se quedo estático mirando aquella pantalla, no sabía como responder, Raúl le había escrito esta mañana y no lo había notado. Al ver que no tenía respuesta, volvió a insistir.

Ismael continuó la conversación con algo de dificultad, aún después de tanto tiempo se ponía nervioso cuando hablaba con Raúl. Estuvieron hablando un momento, Raúl quería saber como había transcurrido la vida de Isma desde que lo vio por última vez en su boda.

Trataba de hacer la conversación amena, pero el menor de ambos no daba mucho pie para que eso ocurriese, por su lado Raúl se sentía feliz, animado, había recuperado el contacto con su mejor amigo, había tantas cosas por contarle después de mucho tiempo.

Ismael se justificó con su trabajo, pero era solo una excusa barata, sabía de antemano que después de la boda, no asistiría a su recepción, no tan verlo así de feliz de la mano con su "nueva prometida" y con el corazón hecho añicos, no era capaz de manejar tal cinismo hipócrita ante sus sentimientos, estando en esos momentos camino a Madrid.

No se sentía cómodo, Ismael no era capaz de hacer fluir la conversación con Raúl, con cada mensaje, sentía que su pecho se oprimía. No aguantaba seguir con rodeos y la mejor opción que rondó en esos momentos en su cabeza fue decirle la verdad. Qué él, ya no vivía en Barcelona.

Raúl quedó perplejo, después de todo este tiempo que le había intentado localizar, se dio cuenta de que sus intentos habían sido en vano, pues el pelinegro había intentado hacer lo posible por alejarse de aquel dolor que tenía muy dentro de sí, y para ello se alejó de forma física, eso le hacía sentir culpable, no había pensado cual fue la magnitud del impacto que tuvo su respuesta ante haberle confesado sus sentimientos, y su boda tan repentina, en el menor de ojos verdes. Y se sentía más estúpido aún, cuando se dio cuenta la importancia que le había dado, tan poca para buscarle tanto tiempo después, sin duda algo muy patético.


Ismael sentía romperse, ante la insistencia de Raúl no soportaba el hecho de recordar cada uno de los momentos que por tanto tiempo, suprimió en su cabeza para permitirse sanar, él aún amaba a Raúl, nunca dejo de hacerlo.

Aquella nostalgia aguijoneaba su corazón, con cada espina, un recuerdo se plasmaba en su mente incrementando el declive de su culpa.

-Ismael...oye...-Miare llamaba su atención, el ojiverde no respondía.-Hey!- Un golpe en el brazo le hizo reaccionar de su ensimismamiento.

-Ah...que..?.- Ismael solo se limitó a responder con indiferencia.

-Tío que te ocurre mira donde te has quedado a pie....-Decía Miare mostrando que se había quedado estático en medio del pasillo de piso. Demás empleados pasaban a su lado mirándole de forma extraña, poco o nada le importaba a Ismael, tenía algo más importante de que preocuparse-

-Lo siento, estaba respondiendo unos mensajes...anda vamos.- Continuó su trayecto al despacho.

Ya no aguantaba más, si seguía hablando con Raúl no sabría que podría pasar, se negaba a volver a llorar por el castaño una vez más, aunque por sus ojos vidriosos era visible que en algún momento las lágrimas rodarían por sus mejillas. Él no quería seguir sufriendo y mucho menos, seguir condenando su pobre alma al calcinante fuego de su amarga ira y frustración. Y decidió darle un fin.

No le contestó en aquel instante, se sentía abrumado, y tenía mucho trabajo por hacer y muchos problemas en mente como para hacer de Raúl uno más en el presente, Ismael se hacía de rogar, pero no por gusto o si él lo quisiera. Era muy simple, se quería a si mismo como para pasar por alto todas las veces en que el castaño no le correspondió y necesitaba aclarárselo de una vez por todas.

Lo pensó un poco, y....

Termino aceptando, y deberá pensar que decirle a Raúl, y si en verdad desea darle un fin, sabrá elegir las palabras correctas, pero por ahora, iría en camino a su despacho a terminar el informe para Miare.

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