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Capítulo III

-Bien creo que eso sería todo, te encargo los documentos....-Comentaba Isma finalizando su labor.

Estaba agotado, había tenido un montón de trabajo acumulado de último minuto, sumando el informe de Miare, estirando sus brazos, se dispuso a relajarse por un momento dando por terminadas sus funciones.

-Gracias "Jefe", si hay alguna novedad le informo jejeje.- Le sonrió la joven secretaria, Ismael solo esbozó una sonrisa mientras ella salía del despacho. -Descansa, y ten mucha suerte.-

Ya eran las 5:30 de la tarde, estaba terminando de recoger su maletín y demás objetos personales para salir de la oficina, bajo hasta su auto y se dispuso a conducir, no sin antes detenerse recordando que había quedado de hablar con Raúl cuando acabase su trabajo. No obstante, no le emocionaba mucho la idea, y menos tratándose de darle un finiquito al castaño, con la suposición de terminar su supuesta amistad, que para él ya había dado fin hace mucho tiempo, desde que su corazón fue rechazado. Respiró hondo y veía la pantalla de su celular. Se dispuso a guardar el contacto de Raúl, y este a su vez se percató de que ahora podía ver su fotografía.

Se quedó contemplándola por unos instantes...

-Que guapo......-Soltó Ismael involuntariamente esbozando una sonrisa, hacía tiempo no veía al castaño, y de por si, estaba un poco más cambiado, su barba estaba perfectamente definida, su cabello antes desordenado, se veía perfectamente tupido sin mencionar, que era evidente su cuerpo más tonificado y grande, eso generó en Ismael un sonrojo que le hizo palpitar.

-Q-qué mierda estoy pensando...?.- Cuestionó al momento de reaccionar y darse cuenta de la forma tan "intrépida" en la que veía al castaño.-Joder ahora...que le digo?.-

El ojiverde estaba nervioso, aún no sabía como hablar con Raúl, más sin embargo no tomó mucho tiempo y se armó de valor para iniciar una nueva conversación.

Ismael pensaba que la pregunta del castaño, era un tanto obvia por lo que le contestó sin ton ni son. Raúl por otro lado, se sentía un poco frustrado, al confirmar la razón por la que él se había ido, nadie más que él, sin embargo, no se quedaría solo con esa respuesta, y estaba dispuesto a saber más. Raúl se sintió triste al ver como Ismael se menospreciaba desde su punto de vista, él sabía que nada de eso era verdad.

Qué aún sin saberlo, le busco por mucho tiempo, quiso encontrarle y tenerlo de nuevo a su lado, en sus mensajes denotaba un poco de melancolía, al parecer, Ismael no fue el único que pensaba en el contrario y jamás imagino que el castaño estaría ansioso por su paradero, aún así no iba a ceder.

Aquellas palabras tocaron un nervio sensible en Ismael, ese era el momento justo para recriminarle a Raúl sobre la inconformidad e indiferencia ante sus sentimientos, si el castaño iba en esa dirección, él estaba dispuesto a seguirle por partida doble.

Al fin había soltado todo lo que había en su pecho, por fin aquel causante de su destrucción sabía cuales eran sus verdaderos sentimientos, con cada mensaje era una bofetada más fuerte que la anterior.

Ismael solo desviaba la mirada intentando no llorar, sabía que en cualquier momento podía estallar, y no iba a darle esa certeza a Raúl, aquel no merecía una mas de sus lágrimas, ni un suspiro, ni un pensamiento, y estaba dispuesto a todo, incluso si eso significaba olvidar a Raúl para siempre.

Le dio un fuerte golpe al timón del vehículo mientras se frustraba cada vez más.

-Es un maldito imbecil!!.- Dijo el pelinegro empañando sus lentes mientras aquellas perlas salinas comenzaban a brotar de sus ojos, rodando por sus mejillas.

Ya no podía reprimir su llanto, era una tortura para él seguir rememorando una y otra vez aquellos sentimientos previamente enterrados, aún estando lejos, sentía la tristeza en su corazón que creía haber dejado en Barcelona, junto a Raúl. Él no cedía insistía en seguir hablando, no podía dejar de pensar en como se sentiría el pelinegro tras todo esto. Sintió que todo esto había sido una mala idea, más sin embargo, no podía soportar estar tan lejos de Ismael, durante mucho tiempo más, ya no.

Él ya había dado vuelta de hoja hace mucho tiempo, debió haber arrancado la página, lamentaba no haberlo hecho.

Ismael no dudo más, en darle el golpe final a Raúl, ya era hora, esto ya no era la escuela, ya no eran niños.

Raúl reviró ante tal respuesta, sintió como se encogía su corazón y notaba su nerviosismo ante la idea de perder definitivamente al pelinegro, no pudo evitar una lágrima escapar de su rostro. Aún así no iba a dejarse ganar por la tristeza, mucho menos por Ismael, renegó hasta donde no había contexto.

Sabía que de no actuar correctamente y a tiempo, sería un hecho que Ismael se iría para siempre, y haría lo posible por no volver a hacerle saber de sí mismo, Ismael era muy terco y cuando se trataba de su ansiedad y problemas internos, sabía que por muy locas que fuesen sus decisiones, no había quien pudiese convencerle, o al menos el castaño ya no tenía ese poder y eso asustaba a Raúl, le ponía impaciente.

Y tomó una decisión....

Si estaba tan seguro de lo que decía, no se conformaría con un simple mensaje, tenía...no...necesitaba ver a Ismael a los ojos y escucharlo de sus labios, necesitaba abrazarle por última vez según Ismael, pero muy en el fondo Raúl no se iría tan fácil y nunca dejaría escapar al ojiverde. Ismael se sentía destruido, pero el asombro no le quitaba el detonante e inquietante calor en su corazón ante aquellas palabras del contrario, él no quería verle, no podía hacerle eso a su ya muy malherido corazón. Sabía que podría volver a caer y volver a ceder al sentimiento que le consumía pero de no acceder, conociendo al castaño sabía que su palabra era intachable, y muy seguramente terminaría hallando su paradero a como diera lugar.

Termino accediendo, aún con lágrimas en sus ojos, veía por la ventana del coche, pensando en Raúl, y en la amalgama de sentimientos que le podía generar aun con miles de kilómetros de distancia.

Raúl estaba loco, o eso pensaba Ismael, el tiempo de camino hacía Madrid era exorbitante, y no pensaba que hablase enserio, pero algo dentro de sí le hacía aguardar y esperar, si eso mismo, aquella esperanza que había perdido hace meses, volvía e invadía su mente, pero aún así le acallaba, este sería el final para ambos, y si era de ese modo tenía que marchar sin ver atrás.

Y de ser así, sabía que él mayor llegaría a la ciudad a como diese lugar.

Hace mucho tiempo, Raúl tenía dilemas dentro de sí mismo, aquellos que le hacían dudar de sus propias decisiones. Mucho tiempo trato de darle una respuesta a lo que en su corazón habitaba, sus pensamientos, su sentimientos, y sobre el dominio de el cauce de su mente, fue muy estúpido tomarse tanto tiempo, para encontrar que aquel dilema dentro de sí tenía nombre, aquel dilema que por mucho tiempo acompañó como algo menos de lo que debió ser, y el nombre de aquel dilema en su pecho era "Ismael Prego".

-No creas que te dejaré ir así como así Ismael, no importa hasta donde llegue....no cometeré el mismo error de nuevo, no lo permitiré.- Dijo Raúl para sí mientras salía de su casa y subía a su coche.

El viaje sería largo y no por eso, se iría con pequeñeces, pisó el acelerador y arrancó con una velocidad descomunal, perdiéndose entre una nube de asfalto.

[°°°]

Iba conduciendo por las calles, había pasado todo el tiempo afuera de la oficina, que ya había anochecido, estaba en dirección al parque, aún con miedo de lo que pudiese ocurrir. Semáforo tras semáforo iba aumentando su nerviosismo, sabía que esta noche marcaría un paso definitivo en su vida, se debatía internamente en mantener su decisión de irse para siempre, pero por otro lado, ansiaba y necesitaba ver a Raúl, y extrañamente, este también, si pudiese decirse con más ahínco que el joven Prego.

Se detuvo en una pequeña cafetería, sabía que Raúl tardaría un muy buen tiempo en aparecer, se sentó y simplemente pidió una tartaleta de fresa y un zumito, por un momento deseó calmarse y comer a gusto.

Mientras pasó el tiempo, le llegó un leve recuerdo, de esos que te hacen sonreír sin importar cual fuese la circunstancia, y ese, era uno especial.

"Las horas pasaron y se llego la hora de almuerzo.

Todos sus compañeros de clase corrían hacia la cafetería para comprar algo que comer, pero Isma se había acostumbrado a traer su almuerzo de casa, y en lugar de estar en la cafetería como todos los demás prefería estar sentado lejos debajo de un árbol que le daba sombra, alejado de el ruido mientras se leía un libro, en tranquilidad, sentía que su mejor momento en el día era estar sólo, mirando hacía el cielo, recostado en el césped, pensando en sus cosas.

Termino de comer su sándwich y se recostó en el césped con los brazos atrás de su cabeza, cerró los ojos y dio un suspiro en señal de tranquilidad.

Mientras se relajaba, sintiendo la brisa del aire soplar por su cara con tanta suavidad, de repente siente que algo o mejor dicho alguien se hecha de lado suyo.

-Veo que te relajas... Isma abre rápidamente los ojos y se da cuenta que el chico nuevo esta a lado suyo mirando hacía el cielo, aquel al que le prestó una goma de borrar y al ver su sonrisa quedó prendado de forma inexplicable.

Da un suspiro. -Así es-

-Esta muy bien, me siento relajado- suelta una risita.

Isma ríe también
-No me has dicho tú nombre chico nuevo-.

Ambos ríen.
-Jajaja es verdad, soy Raúl-. Mientras están recostados en el pasto ambos giran la cabeza para encontrase con sus miradas. -Y tú, ¿Cuál es tu nombre?

-Isma...Ismael-. tartamudeo al ver que Raúl estaba a centímetros de su rostro y luego regresó la mirada al cielo.

Raúl hizo lo mismo. -Un gusto Isma...¿Puedo decirte Isma verdad?.

-Jaja claro que si, no hay problema, Raúl-. ambos ríen sin despegar la vista del cielo azul, y se quedan en silencio.

......Y ese fue el inicio de su amistad, y algo más allá...."

No pudo evitar soltar un leve suspiro, extrañaba esa época en que apenas se habían conocido, y deseó por un momento no haber abierto su corazón, de lo contrario, Raúl estaría a su lado en esos momentos, y todo hubiese sido diferente; no le tomó más importancia que una leve sonrisa, pagó el postre y salió del lugar. El frío se hacía cada vez más prominente, entró a su coche rápidamente y continuó con su trayecto, al menos había quemado una pequeña parte de tiempo al comer.

Se había tomado el tiempo para llegar al parque, aún estaba temprano y prefirió aguardar con cierta calma, meditando y preparándose para la llegada del castaño. Sacó sus audífonos de su chaqueta y se dispuso a escuchar música.

En su reproductor entonó "Someone You Loved" de Lewis Capaldi.

Mientras miraba la bóveda negruzca posarse sobre él con el mirador estelar sobre sí, aún imaginaba como podrían haber sido las cosas si Raúl le hubiese correspondido, se sentía feliz por un momento, imaginando el tacto de sus manos sobre su piel, su mirada radiante y enamorada sobre la suya, conectando filialmente, el sabor de su saliva y el fino tacto de sus labios contra los suyos, le enfrascaba en un mundo fantástico a diferencia de su decadente realidad.

Pasó una hora desde que estaba allí sentado, metió su mano a sus bolsillos y sacó una caja de cigarrillos, sacó uno y dio su primera calada, aquel humo oscuro entrando en sus pulmones le relajaba, le hacía sentir apacible y despreocupado. Un chillido le había hecho sobresaltar, un carro había virado bruscamente sobre aquella esquina del parque.

-Vaya tío tan loco, se estará cagando...?.- Pensaba el ojiverde con diversión mientras notaba aquel vehículo detenerse cerca de allí.

Miraba expectante aquel automóvil, su diversión cesó y su nerviosismo empezó a aumentar descomunalmente mientras veía a Raúl bajar del asiento del piloto y caminar hacía dentro del parque con cierta prisa. El mayor le buscaba con cierto desespero, Ismael estaba asombrado, al parecer Raúl había llegado mucho antes de lo que él pensaba, este aún no le había visto, por lo que Ismael involuntariamente se escondió detrás de una de las columnas de la plaza central.

-Dónde estará....?- Pensaba Raúl mientras veía a todos lados, intentando ubicar al menor de ojos verdes. Sacó su móvil y empezó a llamarle, el teléfono de Ismael empezó a sonar, lo cuál le alarmó, el castaño no estaba muy lejos y sabía que podría escuchar su celular.

-M-mierda!...- Maldijo por lo bajo mientras trataba de acallar el incesante aparato.

El mayor se percató del sonido de un móvil muy cerca del lugar, intentaba seguirlo conforme cada vez se hacía más fuerte. Ismael escuchaba unos pasos acercarse hacía su ubicación por lo cuál, salió de su escondite, intentando disimular la vergüenza ante aquella situación.

Ambos se miraron fijamente, ninguno decía palabra alguna, para ambos ojos, el contrario había cambiado demasiado desde la última vez que se vieron. Raúl se veía aún más alto que antes ante Ismael, mucho mas grande, y para Raúl, se veía un poco mas alto, aunque con su piel más blanca y tersa, sus orbes color esmeralda brillaban más de lo que recordaba, un sonrojo prominente se coló entre ambos rostros.

-Acaso...te estabas escondiendo..?.- Preguntó Raúl inicialmente arqueando una ceja.

-C-claro que n-no!!...por qué lo h-haría?- Respondía evidentemente nervioso un muy rojo Ismael.

No tardó mucho y volvió en si, retomando su anterior actitud, mientras calaba su cigarrillo.- A qué...has venido?.- Pregunto dubitativo.

Raúl solo le observaba, veía mientras aspiraba aquel humo cancerígeno, se sentía un poco nervioso de ver de nuevo a Ismael, sabía que debía manejar la situación con cuidado, de lo contrario, todo se iría al carajo.

-Pensé que...no vendrías....-Decía Raúl, mientras Ismael ante el comentario desviaba la mirada apenado.-Pues aquí estoy... cómo has llegado tan rápido?.- Cuestionaba Ismael curioso, después de todo no dejaba de sorprenderle el que hubiera arribado tan rápido a Madrid y más aún al parque.

-Te lo he dicho, necesitaba verte....-Decía Raúl mientras se acercaba tranquilamente al contrario hasta quedar frente a frente. Ismael no respondía solo miraba un poco nervioso la situación.

-Ya me has visto....entonces creo que sería todo.- Dijo Ismael apartándose un poco.

-Ismael...sabes a que he venido..-Frenó ante las palabras del mayor.

-Qué quieres que te diga...?- Frunció el ceño. -Ya sabes...lo que escribiste en aquel mensaje...-El castaño posaba su mirada sobre Ismael, por alguna razón el menor no le miraba a los ojos.

El frío y la noche se acrecentaban más, el mayor carrasqueó un poco ante la brisa nocturna, Ismael lo notó, saco la caja de cigarrillos y le ofreció uno.

-Quieres...?- Mostró la cajetilla. -Venga...gracias.- Agradeció mientras encendía aquel varita.

El parque, empezó a vaciarse cosa que aumentaba la tensión en Ismael, lo que él menos deseaba era quedarse a solas con Raúl, desviaba sus pensamientos intentando ser lo más racional que su mente le permitiese. El mayor continuó.

-Escucha...yo...lo lamento...todo esto y lo que pasó antes...-

-No importa, pasado es pasado...o no?- Decía súbitamente el ojiesmeralda, sabía que esto era una batalla campal, y no por eso debía dar su brazo a torcer ni mucho menos mostrar debilidad ante el otro.

Raúl se sentía frustrado, veía que Ismael no parecería ceder ante nada.

-Lo sé pero, igual después de tanto tiempo, tenía que hacerlo...no te volví a ver después de la boda, no quería admitirlo pero algo me decía que todo tenía que ver conmigo...-.Se encogió un poco de hombros.

-Mira Raúl, si algo pude aprender es que por más que se quiera mandar en el corazón, es imposible, aún conmigo...intenté negarme a la idea de sentir algo, sentir algo que tarde o temprano sabía que tendría problemas, algo que tal vez me terminaría destruyendo....siempre pensé que nunca saldría nada bueno de entregar mi corazón, y aún así quise creer lo contrario...- Ismael sonaba apagado, aquel momento era muy agobiante para él, no pensó en tener a Raúl en frente suyo, mostrándole su parte mas vulnerable.

Raúl no decía nada, solo le observaba. -Mantuve una esperanza, una que sin pensarlo y quererlo tú mismo me diste Raúl....eras especial, y atento conmigo, me sacaste de mi pesada situación muchas veces y fuiste incondicional y sincero conmigo...eso fue lo que me hizo abrir mi corazón...- La situación se había tornado incómoda, con cada frase, con cada palabra, un lamento se mezclaba en la respiración de aquel hombre irresoluto.

Ismael aspiraba cada vez más hondo aquel cigarrillo, tensándose en demasía conforme pasaban los minutos. Raúl estaba mudo, se sentía culpable.

-Isma yo...lo siento por eso, sé que tuve mi error, y fui indiferente, fue estúpido de mi parte no haberlo notado....nunca hubiese querido dañarte de esta forma, y de verdad me halaga que hayas pensado todo eso de mí...- El mayor hacía su mejor esfuerzo por ser sincero sin ser muy directo. Isma solo miraba hacía el suelo.

-Aún así, tal vez...fue un error....de todas formas no es tu culpa...-Decía Isma volteándose, sus ganas de llorar eran incontenibles, aquella imagen hacía llorar su alma y el mar en sus ojos sería algo que no dejaría que Raúl llegase a ver.- Yo fui quien...se ilusionó, quien pensó que todo esto llevaría a un final feliz como los de los cuentos para niños....que crío fui...-Decía encogiendo sus hombros abrazándose a sí mismo mientras escapaban ligeros sollozos de sus labios.

Raúl podía notar la tristeza en cada una de las frases que Ismael dilucidaba en aquel momento, se sentía tan pequeño, tan insensible, pensando que alguien como él no merecía las lágrimas de un ser tan especial.-Isma por favor, no quiero que llores....no quiero verte así....-A Raúl se le quebraba la voz.

-De todas formas...me alegra saber que encontraste a tu verdadero amor....Así podrás olvidarte de todo lo que te hice...- Soltó Ismael sollozando de forma audible. -Recuerdo lo feliz que te veías en el altar.....ahí fue cuando comprendí que tu felicidad, era con quien deseabas compartir tu vida en ese momento...- Raúl objetó servilmente.

-No digas eso, no me has hecho nada...joder eres un chico increíble, el culpable soy yo...Ismael por favor mírame...-Se acerco para quedar cerca a su espalda.- Perdóname no supe como reaccionar antes ante lo que sucedió...- Ismael solo soltó un suspiro ahogado.

-Raúl si algo he de decir.....es que todo este tiempo...no hubo un solo día en que no pensara en ti...- Ismael se sinceró con el mayor, estaba perplejo, lo que Ismael le acababa de decir le daba un vuelco en su pecho que nunca había sentido, era como un sentimiento.....familiar?

Sintió su estomago hormiguear, un calor se expandía por su pecho haciendo creación de una nueva perspectiva, y un nuevo pensamiento ansiado por ser descubierto.

El joven de ojos esmeraldas volteó su cuerpo mientras miraba levemente el cielo, con la luz de la luna chocando contra su rostro, iluminando las lágrimas y sus ojos encendidos por las mismas.

"-Mereces vivir feliz...la vida que el destino ha escogido para tí....Incluso si yo no estoy en ella....- Dijo para posar su mirada en el castaño, que solo reaccionó sorprendido. Alejándose volvió a mirar a Raúl que solo le miraba estático y le brindó una última frase...

-Te dejo ir Raúl.....- Ismael se alejaba condensando aquel humo en el frío aire de la noche, Raúl solo dejó escapar unas lágrimas sin decir palabra alguna. Eso le pasmó definitivamente, sabía que era el fin, pero su corazón se negaba, se negaba a dejarle ir.

-No!!!- Se acercó rápidamente a Ismael por detrás y le retuvo en un abrazo, no pudo evitar dejar escapar más lágrimas, se sentía nervioso, no quería que el pelinegro se apartara de su lado.

Ismael estaba petrificado, se sentía perplejo, podía sentir los latidos de Raúl en su espalda, aquel corazón galopaba con velocidad.

-R-Raúl...yo...por favor suéltame...- Ismael solo atisbó a alejar al contrario, sentía quemarse con aquel contacto. Su corazón sentía salir de su pecho, era algo que había esperado todo este tiempo. -Te lo pido....no me dejes ...-Pedía Raúl apegándolo más su cuerpo.

Ismael solo se dio la vuelta entre los brazos del mayor, quedando a escasos centímetros de los labios del otro, sentía el tibio y nervioso aliento de Ismael chocando el suyo.

Sin pensarlo dos veces, se acercó y plantó un tierno y melancólico beso en los suaves labios del menor, probaba aquellos suaves y delicados labios que jamás pensó en tocar, lo mismo ocurría con Ismael, aquel contacto era algo único e indescriptible para él, se hincó y abrazando el cuello de Raúl intensificó más el beso a lo que Raúl respondió de la misma forma apretando su cintura, buscando más contacto entre ambos.

Se separaron por falta de aire, entre jadeos se veían el uno al otro, Ismael se sintió culpable y desvió la mirada llorando de nuevo.-L-lo siento...-Se disculpó.

-Isma...Mírame....-Decía suavemente el castaño mientras tomaba el mentón del más bajo.- Que te quede algo claro...nunca me separaré de ti de nuevo.....te lo prometo.- Finalizó para dejar un beso más cándido que el anterior en los labios contrarios.

-Te quiero....-Ismael quedó mudo ante esas palabras, el mayor le había dicho te quiero y le abrazaba con más fuerza.

El viento se hacía cada vez más pesado, y la noche ya llegaba a su claro creciente. Por lo que ambos se separaron. -Bien...Isma creo que..mejor me voy...-Dijo Raúl mientras iba a caminar. Una mano le detuvo.-Raúl...quieres...quedarte en mi casa esta noche...-Preguntaba con la mirada baja mientras se sonrojaba.

-Digo!..Es muy tarde para que vuelvas a Barcelona, además...sería peligroso si conduces a altas horas de la noche.-

Raúl solo esbozó una sonrisa y le plantó un tierno beso en la frente.

-Me encantaría......-.

Ambos se dirigieron a sus vehículos, en camino al hogar del pelinegro. Sin duda todo esto era un dilema muy grande, Ismael dijo que quería terminar con esto pero, acaso se esperaba aquella reacción por parte de Raúl...?. Al llegar, habrían muchas cosas que deberían ser aclaradas de forma definitiva.







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